Dónde
está su madre, le pregunto a mis hijas y ellas al unísono responden, como si
repitieran ya cansadas de la misma pregunta: ¡haciendo la cola para cobrar
su bendito bono!
En
realidad, no es para cobrar dicho beneficio sino para ver por dónde anda éste,
pues resulta que, se ha perdido en su camino a destino y nunca arribó a su objetivo.
Es
la enésima respuesta que recibo de la misma manera.
Desde
que se enteró que sería beneficiada del bono universal, el bono familiar, el 600,
o el 750 o no sé qué otro número o denominación las autoridades gubernamentales
hayan bautizado a esta gracia a merced de la pandemia global, no hay día que no
se acerque a una u otra dependencia estatal a ver si éste ya arribó a destino. Y
es que ninguna entidad gubernamental sabe a ciencia cierta por dónde anda el bendito.
Se
le ha vuelto como una obsesión, y cuando llega a casa, cándidamente le pregunto
una vez más, aun sabiendo de antemano la respuesta, bueno ya te lo dieron.
Nada, en el banco me
dicen que hay ir al MIDIS* para reclamarlo.
Lo
cierto es que, entre idas y venidas, al banco y las otras dependencias
encargadas de tal proceso ya se ha gastado medio bono, a este paso cuando se cobre
el subsidio estaremos más vacíos que cesta de limosnas en cuarentena.
¡ 1,249 !
me dice mi mujer, Al fin, después de tanto "peloteo", pienso y emocionado de saber
que el monto de dicho subsidio sería dicho número, pues nos vendría de maravillas
ahora que estoy desempleado, pero a continuación me sigue diciendo que dicha
cifra no es la que yo creía sino, una jugarreta que mi imaginación me tendió a
manera de broma, sino es el número asignado para reclamo, dispensado por la entidad
como turno virtual . De manera que, como vio que ello está para un
par de días de espera, prefiere hacerlo en la seguridad de la casa que en las
hostiles dependencias estatales.
Cuando
por fin, llega dicho turno y para nuestra sorpresa avanza raudamente no sé, si
por la persistencia de mi mujer, que se mantiene estoica ante el reto, pero creo
más bien que, el grueso de las otras personas desistió ante la perspectiva de ver
tan larga la espera, optaron por renunciar a ello, lo que indirectamente la favoreció
y ahora ella puede encarar el reclamo.
Pero
allí no dan solución al intríngulis, nada que hacer, los que han creado las
cuentas son los banqueros de manera que es allí donde se tiene que reclamar, le
dicen, pues el dinero ya ha sido girado por el ministerio a cargo y depositado
en el banco, le recalcan.
Y
de vuelta nuevamente al banco porque, cuando te informan lo hacen de a poco como
si mezquinaran la información, o es que al parecer no saben de lo que están
hablando.
Por último después de muchas consultas, el dependiente del banco le informa que
se reporta como cobrado.
¡ Pero yo jamás cobre aquello !. Le
hace saber mi mujer. Pues si no lo cobró, puede hacer su reclamo en la página
virtual habilitada para aquello, le dice la oficinista.
De
manera que, adiós a nuestra esperanza de cobrar aquello porque, hasta esta
altura también lo considero como una lucha mía, aunque honestamente me haya sustraído
de todo el proceso que resultó un pandemonio, adiós al iluso timo, sólo nos
queda la última esperanza que aquél que cobró dicho bono, haya sufrido el mismo
calvario por el cual mi mujer pasó, aunque en el fondo mío sé no fue así.
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