La Cometa
“Ha llegado agosto, se siente, pues hay que
andar bien abrigado y empezar a usar aquella chompita* de lana de corderito
tierno, que tu “vieja” te compró la temporada pasada, pues las ráfagas del
viento de esta época estacional se empeñan en azotarte cual endemoniado castigo”. Estos eran los evidentes signos y
señales de aquellas pretéritas épocas de este particular mes, y que daba a
entender a todo el mundo púber, que la temporada de las cometas** se ha
iniciado.
Sabíamos
desde el primer día de agosto, que era tiempo de confeccionarse al menos una propia
cometa, pues a nadie se le asomaba por la cabeza el de comprarlas o venderlas en
aquellas épocas, quizás [estos lances] era algo así como una deshonra, por lo que la idea era
recrearla uno mismo, amén que todos los materiales para su confección estaban a
nuestra disposición. Si bien a todos los chibolos de antaño nos faltaba el
dinero, pero sobradamente derrochábamos ingenio y creatividad, de manera que, manos a la obra con todos los materiales que estaban en casa o en la de algún amigo.
Se
fabricaba con palitos muy afanosamente trabajados, que provenían de una gramínea
llamada carrizo o seudo bambú, y era una especie de caña, que siempre estaba
presente en algún jardín o chacra de algún vecino del barrio.
Esta
especie de caña, en aquel tiempo era un especie muy generosa y eficiente para
la construcción, de hecho, recuerdo que había un vecino del barrio que cada
cierto tiempo echaba a bajo su casa, y procedía a remodelarla completamente, con
modelos innovadores ayudado de esta noble y buena gramínea, y que, en unión con
argamasa de barro, procedía cual arquitecto eximio, a ejecutar su visión. Yo asistía
gratamente y admiraba calladamente, cuando emergía de ello, de cuando en cuando,
una novísima construcción, en fin.
Estos
carrizos se los trabajaba celosamente hasta que adquirieran una conveniente
longitud, grosor, y espesor, y era la materia prima por excelencia dado a su capacidad de flexibilidad y densidad, indicadores idóneos para confeccionar la estructura de la cometa. Factores que le permitian elevarse y
remontar por los aires, así como, también influia en esta cualidad, el modelo o tipo escogido. Mi modelo preferido
siempre era el “barrilete” pues daba la impresión de ser el remedo de un “barril”,
había otros modelos más atrevidos como los “escudos”, “las chinas lindas”, y
cada nombre escogido era un epónimo de lo que representaba, en fin.
Luego de haber armado su esqueleto con estos carrizos, se procedía a forrarlo con papeles multicolores, que nosotros llamábamos, “papel cometa” y que se pegaba con una goma o cola de carpintero, al final, toda la cometa empapelada, se la sometía a un espolvoreó generoso y uniforme con agua, en toda la superficie de la cometa, de manera que, al secarse el papel adherido a la estructura, quedaba bien templado o estirado. Para finalizar, se procedía a ejecutar su timón y cola, a esta última la llamábamos como “rabiza” o algo así, esta en particular era la que equilibraba el vuelo, por lo que su confección también tenía que ser la ideal, y se la manufacturaba con algunos retazos de trapos, o telas delgadas que en casa nunca faltaban. En cambio, el timón se tenía que hacer con una hilo muy resistente que llamábamos "pabilo" y se ubicaba en la parte anterior, a manera de un compás bien delineado. Todo ello eran determinantes, pues de todo esto dependía que la cometa escale en espléndido vuelo.
Lo
genial era cuando la cometa tomaba altura, y cuanto más alto pues era mejor, y sí
por esas casualidades del destino, o mejor dicho, a causa de alguna ráfaga
súbita del viento, o un "viento onda" lograba romper el pabilo que la mantenía unida a nuestra mano que lo sostenía, y veías
como esta se alejaba en el horizonte, dicho acto fortuito, era como alcanzar
la gloria, era épico, y brillante, simplemente un empacho de victoria, pues era la perfecta carta de
presentación que daba una especie de derecho a presumir frente a tus congéneres,
que habías logrado hacer un magnífico y bien logrado juguete, y cuyo
encumbramiento a dicha altura significativa, o tenía un solo mensaje claro y
contundente a tus patas***; ¡Mi cometa se ha surtido!. La verdad, hasta ahora no entiendo el significado de
dicha palabra “surtir”, pero en aquel entonces recuerdo que era algo espléndido,
y si por casualidad lograbas perseguirla, pues en algún punto de la ciudad y
por esas cosas de la gravedad, todo lo que sube tiene que bajar, en
consecuencia, ésta en algún punto de la ciudad tenía que caer, y lograbas
rescatarla de cierto tejado, de un techo, o árbol, era como un trofeo para
mostrar y admirar, en consecuencia, merecía ser conservada en la galería
personal de tus pequeñas hazañas
…
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*Chompa.
Suéter.
**Cometa.
Barrilete
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