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  Y otras buenas nobles y desinteresadas ofertas Trato de evitar tropezar o caer por cualquier dominio digital que me invitan a ciertos cursos, entrenamientos o certificaciones, y que prometen, juran y re-juran que estos serán gratuitos. En nuestro pasado inmediato, antes del auge de las plataformas digitales, había que prestar mucha atención a la "letra chiquita" que venía adjunta en cualquier formato impreso, que prometían que tal o cual cosa, al igual como ahora, estos duchos timadores te hacían pensar que aquello en donde ponías tu firma, conseguías una genial oferta. Sin leer pormenorizadamente el detalle draconiano escrito en formato ridículamente pequeño y sumamente frondoso, adjunto por algún lado del documento, por lo que nadie atinaba a leer aquello. Más cuando lo que imaginabas como una ganga o una oportunidad única. Al final, lo recibido no se ajustaba a la "eficiente propaganda promocional", no había lugar a reclamo, pues simplemente te hacían ver que...

JUEGOS DE AYER

 La Cometa

Ha llegado agosto, se siente, pues hay que andar bien abrigado y empezar a usar aquella chompita* de lana de corderito tierno, que tu “vieja” te compró la temporada pasada, pues las ráfagas del viento de esta época estacional se empeñan en azotarte cual endemoniado castigo”. Estos eran los evidentes signos y señales de aquellas pretéritas épocas de este particular mes, y que daba a entender a todo el mundo púber, que la temporada de las cometas** se ha iniciado.

Sabíamos desde el primer día de agosto, que era tiempo de confeccionarse al menos una propia cometa, pues a nadie se le asomaba por la cabeza el de comprarlas o venderlas en aquellas épocas, quizás [estos lances] era algo así como una deshonra, por lo que la idea era recrearla uno mismo, amén que todos los materiales para su confección estaban a nuestra disposición. Si bien a todos los chibolos de antaño nos faltaba el dinero, pero sobradamente derrochábamos ingenio y creatividad, de manera que, manos a la obra con todos los materiales que estaban en casa o en la de algún amigo.

Se fabricaba con palitos muy afanosamente trabajados, que provenían de una gramínea llamada carrizo o seudo bambú, y que es una especie de caña, que siempre estaba presente en algún jardín o chacra de algún vecino del barrio.

Esta especie de caña, en aquel tiempo era un especie muy generosa y eficiente para la construcción, de hecho, recuerdo que había un vecino del barrio que cada cierto tiempo echaba a bajo su casa, y procedía a remodelarla completamente, con modelos innovadores ayudado de esta noble y buena gramínea, y que, en unión con argamasa de barro, procedía cual arquitecto eximio, a ejecutar su visión. Yo asistía gratamente y admiraba calladamente, cuando emergía de cuando en cuando, una novísima construcción.

Estos carrizos se los trabajaba celosamente hasta que adquirieran una conveniente longitud, grosor, y espesor, y era la materia prima por excelencia dado a su capacidad de flexibilidad y densidad, indicadores idóneos para una buena estructura de la cometa. Factores que le permitian elevarse y remontar por los aires, así como, también influia en esta cualidad, el modelo o tipo escogido. Mi modelo preferido siempre era el “barrilete” pues daba la impresión de ser el remedo de un “barril”. Había otros modelos más atrevidos como los “escudos”, “las chinas lindas”, y cada nombre escogido era un epónimo de lo que representaba, en fin.

Luego de haber armado su esqueleto con estos carrizos, se procedía a forrarlo con papeles multicolores, que nosotros llamábamos, “papel cometa” y que se pegaba con una goma o cola de carpintero, al final, toda la cometa ya empapelada, se la sometía a un espolvoreó generoso y uniforme con agua, por toda su superficie, de esta manera, al secarse el papel adherido a la estructura del carrizo, quedaba bien templado o estirado. Para finalizar, se procedía a ejecutar su timón y cola, a esta última la llamábamos como “rabiza” o algo así, esta en particular era la que equilibraba el vuelo, por lo que su confección también tenía que ser la ideal, y se la manufacturaba con algunos retazos de trapos, o telas delgadas que en casa nunca faltaban. En cambio, el timón tenía que hacerse con una hilo muy resistente que llamábamos "pabilo" y se ubicaba en la parte anterior, a manera de un compás bien delineado. Todo ello eran determinantes, pues de esto dependía que la cometa escale en espléndido vuelo.

Lo genial era cuando la cometa tomaba altura, y cuanto más alto pues era mejor, y sí por esas casualidades del destino, o mejor dicho, a causa de alguna ráfaga súbita del viento, o un "viento onda" lograba romper el pabilo que la mantenía unida a nuestra mano que la sostenía, y veías como esta se alejaba en el horizonte, dicho acto fortuito, era como alcanzar la gloria, era épico, y brillante, simplemente un empacho de victoria, pues era la perfecta carta de presentación que daba una especie de derecho a presumir frente a tus congéneres, que habías logrado hacer un magnífico y bien logrado juguete, y cuyo encumbramiento a dicha altura significativa, tenía un solo mensaje claro y contundente a tus patas***; ¡Mi cometa se ha surtido!. La  verdad, hasta ahora no entiendo el significado de dicha palabra “surtir”, pero en aquel entonces recuerdo que era algo espléndido, y si por casualidad lograbas perseguirla, pues en algún punto de la ciudad y por esas cosas de la gravedad, todo lo que sube tiene que bajar, en consecuencia, ésta en algún punto de la ciudad tenía que caer, y lograbas rescatarla de cierto tejado, de un techo, o árbol, era como un trofeo para mostrar y admirar, en consecuencia, merecía ser conservada en la galería personal de tus pequeñas hazañas

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*Chompa. Suéter.

**Cometa. Barrilete

*** Patas. Para este caso camaradas, amigos, en fin.

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