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Una cuenta bancaria casi cerrada

 El misterio de los mil dólares Me dirijo a sacar las últimas moneditas que todavía permanecen hospedadas en mi cuenta bancaria, y con este último acto le estoy dando la extremaunción a esta cuentita de ahorro que me acompañó desde cuando yo era mi único y real jefe . Más ahora desfallece por inanición, pues no hay como alimentarla ya que no hay manera de conseguir empleo. Hace varios años que no logro conseguir empleo formal en lo cual fui formado e instruido académicamente, de hecho, toda la vida me dediqué a labores muy diferentes a lo que estudié, más ahora anhelando un cambio de vida y deseando ya no ser mi propio jefe, es mi deseo ahora, " ser dependiente " y llegar a fin de mes a cobrar religiosamente mi salario , sin más responsabilidades que el de ser un trabajador más . Pero al parecer todas estas expectativas mías siguen en eso, solo expectativas. Llego a un cajero automático a proceder a retirar mis últimos diez dólares , y bueno realizo la operación, y antes de...

El experto soy yo

No arregles esa silla, mejor será que llames a un profesional para que haga el trabajo

Es la sentencia que pronuncia mi mujer cada vez que me ve en casa tratando de arreglar o componer algo, y es que piensa que resultaría más beneficioso dejarlo como está, pues encarar dicha labor, sería un tiro al azar, puede que resulte bien, pero como ya es testigo ocular de aprendizajes previos, donde todos estos experimentos domésticos no resultaron nada bien, por lo que mejor es no tentar al destino o, mejor dicho, no tentar a mis torpes manos.

La verdad creo que subestima mis cualidades de maestro fontanero, carpintero, pintor, electricista, y hasta de jardinero, pues cualquier labor doméstica que necesite ayuda como compostura y arreglo, mantenimiento preventivo o correctivo, en fin, La verdad nunca escaqueo dichos deberes., y humildemente yo siempre me siento con la suficiente capacidad y tino para lograr mis objetivos, pero al parecer estos objetivos, están lejos de ser el ideal de cualquier noble objetivo cuerdo, que todo hogar con el mínimo respeto por su mobiliario, se merece.

Hay tres formas de realizar las tareas caseras: una, siguiendo al pie de la letra las indicaciones o tutoriales para cada caso. Llamar a un profesional que se encargue del entuerto, y la tercera que es la que me gusta, pues a mí manera.

Trato de remendar, arreglar o componer cualquier estropicio ocurrido en casa, pero ni bien mi mujer observa que empiezo la tarea, se me acerca y me susurra … “asegúrate que no te sobre una rueda”, o “recuerda que la silla tiene solo cuatro patas”, “será mejor que bajes la llave térmica general”, o “asegúrate de tener a mano el extinguidor de fuego”, en fin.

Y es que creo que las mujeres, en especial la mía, son demasiado perfeccionistas y quisquillosas. Si por casualidad me pase con la pintura y estropee su cocina, o la altura de cierta rueda no coincide con el resto de las tres, o un perno autorroscante es remplazado por una tachuela, o la lámpara, el foco no es el mismo modelo al anterior, o podé demasiado el arbolito del jardín hasta dejarlo calato… pues pone el grito en el cielo.

La verdad soy partidario de que lo importante es que cada objeto cumpla su función para lo cual fueron ideados. Qué, si lo hace de una manera o de otra, son sólo perspectivas de enfocar un punto de vista. Pero al parecer mi ángulo desde el cual los miro, después de terminar la tareíta casera, nunca es el correcto, en fin.

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