“No
arregles esa silla, mejor será que llames a un profesional para que haga el
trabajo”
Es
la sentencia que pronuncia mi mujer cada vez que me ve en casa tratando de
arreglar o componer algo, y es que piensa que resultaría más beneficioso dejarlo
como está, pues encarar dicha labor, sería un tiro al azar, puede que resulte
bien, pero como ya es testigo ocular de aprendizajes previos, donde todos estos
experimentos domésticos no resultaron nada bien, por lo que mejor es no tentar al
destino o, mejor dicho, no tentar a mis torpes manos.
La
verdad creo que subestima mis cualidades de maestro fontanero, carpintero,
pintor, electricista, y hasta de jardinero, pues cualquier labor doméstica que
necesite ayuda como compostura y arreglo, mantenimiento preventivo o
correctivo, en fin, La verdad nunca escaqueo dichos deberes., y humildemente yo
siempre me siento con la suficiente capacidad y tino para lograr mis objetivos,
pero al parecer estos objetivos, están lejos de ser el ideal de cualquier noble
objetivo cuerdo, que todo hogar con el mínimo respeto por su mobiliario, se
merece.
Hay tres formas de realizar las tareas caseras: una, siguiendo al pie de la letra las indicaciones o tutoriales para cada caso. Llamar a un profesional que se encargue del entuerto, y la tercera que es la que me gusta, pues a mí manera.
Trato de remendar, arreglar o componer cualquier estropicio ocurrido en casa, pero ni bien mi mujer observa que empiezo la tarea, se me acerca y me susurra … “asegúrate que no te sobre una rueda”, o “recuerda que la silla tiene solo cuatro patas”, “será mejor que bajes la llave térmica general”, o “asegúrate de tener a mano el extinguidor de fuego”, en fin.
Y
es que creo que las mujeres, en especial la mía, son demasiado perfeccionistas y
quisquillosas. Si por casualidad me pase con la pintura y estropee su cocina, o
la altura de cierta rueda no coincide con el resto de las tres, o un perno autorroscante
es remplazado por una tachuela, o la lámpara, foco no es el mismo modelo al anterior,
o podé demasiado el arbolito del jardín hasta dejarlo calato… pues pone el
grito en el cielo.
La
verdad soy partidario de que lo importante es que cada objeto cumpla su función
para lo cual fueron ideados. Qué, si lo hace de una manera o de otra, son sólo perspectivas
de enfocar un punto de vista. Pero al parecer mi ángulo desde el cual los miro,
después de terminar la tareíta casera, nunca es el correcto, en fin.
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