... Creo que cielo está en mi patria y yo aun no me entero Las gentes septentrionales deben andar algo desquiciadas, les falta un perno, o qué les pasa, o son acaso extraterrestres, pero de este mundo. Pues en su seno nacional lo tienen absolutamente “todo”, o bueno, "casi todo”. Tienen pan, un buen lecho, y gran "techito" y toditos ellos garantizados. De hecho, digamos que es más que un humilde "techito" el que da cobijo a sus quejumbrosos huesos. Esas moradas ya casi parecen mansiones. Tienen más que un pobre pancito diario disponible en sus amplias mesitas, para llenar a diario sus opíparos estómagos. Sus billeteras al ser incapaces de albergar tanto billetito verde, pues, alojan en ellas solo "plastiquitos dorados", pero qué digo, si ahora, el colorcito de la opulencia es el "black" y con esta paleta de color se olvidaron del racismo que representaba ese color, bueno despues de todo algo bueno afloró, pero dejemos las ramas y volvamos a...
Realmente es poco el tiempo que llevan viviendo entre nosotros y sin embargo, ya hemos aprendido hasta de su cocina, resulta fascinante y curioso. Han visto que nuestros tequeños son microscópicos comparados con los suyos, es más hay que pedir ayuda extra para devorarlos. Si se te antoja uno de ellos, y vas con alguien más, ¡diablos! la otra persona tiene que cargarlo al hombro mientras tú por el otro extremo vas acometiendo con furia. Al comprar nuestros tamales domingueros, que parecen ser una masa más o menos de color que no identifico su tonalidad, ladrillada, naranja, amarilla, bueno no sé., viene envuelta en mil hojas de plátano y la única que parece limpia es la más interior, pues las otras como las recogieron de la chacra las pusieron. No se tomaron la molestia de asearlas un poco. Y a gritar más emocionado que el mismísimo Arquímedes la genial interjección EUREKA si es que contraste un pedacito de pollo, u otro más microscópico pedacito de cebo si lo pediste de puerco...