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Con cuál me quedo

Los brutitos de ayer hoy y siempre

Ayer me encontré con fulanito, no lo había visto en 100 años desde que acabamos la secundaria, o la universidad. Si era una promesa en potencia, un tipo chancón - dícese de la persona que en todas las materias obtiene puras A, AA, AAA y todas las A que puedas imaginar- desde religión, pasando por educación cívica, aunque ustedes no lo crean se estudiaba civismo en aquellas épocas, pasando por mate, hasta aterrizar en filosofía. Entre anécdotas de idas y venidas me cuenta que ha perdido el trabajo a causa de la pandemia.  Y está de regreso tras una entrevista para un nuevo puesto en alguna entidad pública.

... Resulta que en las instituciones públicas se cambia al personal tan rápido como yo de calzones, me dice, ... y la única constante es la inconstancia.

Bueno el hecho es que su capacidad intelectual era muy superior a la de sus colegas y directores, por lo que su trabajo siempre encontraba alguna traba imaginaria y si no la inventan. Sus ideas innovadoras nunca eran bien vistas ni menos aplaudidas y se topaba con la infranqueable oposición de la alta dirección. Si viejo, me dice, ... les encanta las hipérboles gramáticas o verbales cuando se trata de calificar y o ubicar su cargo, de manera que, alta dirección, dirección ejecutiva, son palabras que les encanta pronunciar, cuando lo que único que ejecutan es literalmente al novel talento, y su desempeño en el puesto es tan inversamente proporcional al tamaño cargo que ejercen. El amiguismo y la soboneria son los grados avanzados que se necesitan para avanzar en el aparato estatal, me dice. Doctor para allá para acá y acullá les encanta que les digan, diablos si pudieran colgarse dichos pedigrí al pecho como gafete ya lo hubieran hecho. Me dice.

¡Viejo! ... Me sigue narrando, ... En otros países el talento es apoyado y celebrado, y si es posible destacado. Pero acá, no viejo, si destacas o sobre sales es muy mal visto, es una ofensa imperdonable. Toda la oficina te da la espalda, hasta el mismísimo guachimán y es que tienes que ser de su argolla, la mediocridad tiene que ser muy democrática, pues vivimos en un país democrático, así que todos igualitos, si no, ya te pusieron la soga al cuello. ¡Si viejo, así funciona las entidades públicas!

Y ahora con pretexto de la pandemia y el eufemismo de reducción de personal. "Patitas a la calle"... Me sigue contando, ... Ah, pero contratan un par más de tipos, para hacer el trabajo de uno. Bueno tal vez lo entendería si al menos fueran más calificados, ¡pero no!, son aquellos tipos que nunca aprobaron "mate", pues al final tuvieron que soplarles el examen, si no repetían por enésima vez el cursito y esta vez los iban a echar de la “U”, ¡ves y ahora de directores!

¡Y qué crees viejo!, me echan a la calle y me inician un proceso sancionador por haber dejado un programa muy adelantado al estándar. Aluden que no lo entienden, porque su limitación es notoria, y el antiguo funcionaba así que, por qué cambiarlo aducen, ¡diablos! lo califican como un hecho punible.

Viejo, cuando éramos unos chibolos pensamos que, en 30 años, nuestro país estaría en el grupo de los desarrollados. Han pasado todos esos años y más, y estamos igual o peor que antes... 

Sí, pues amigo es la pura verdad con tanto bruto dirigiendo nuestros destinos que nos queda, me dice.

No amigo, le digo, estrechando su mano a manera de despedida, siempre hay la esperanza que los nuevos que vendrán serán peores que estos.

 

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