... Creo que cielo está en mi patria y yo aun no me entero Las gentes septentrionales deben andar algo desquiciadas, les falta un perno, o qué les pasa, o son acaso extraterrestres, pero de este mundo. Pues en su seno nacional lo tienen absolutamente “todo”, o bueno, "casi todo”. Tienen pan, un buen lecho, y gran "techito" y toditos ellos garantizados. De hecho, digamos que es más que un humilde "techito" el que da cobijo a sus quejumbrosos huesos. Esas moradas ya casi parecen mansiones. Tienen más que un pobre pancito diario disponible en sus amplias mesitas, para llenar a diario sus opíparos estómagos. Sus billeteras al ser incapaces de albergar tanto billetito verde, pues, alojan en ellas solo "plastiquitos dorados", pero qué digo, si ahora, el colorcito de la opulencia es el "black" y con esta paleta de color se olvidaron del racismo que representaba ese color, bueno despues de todo algo bueno afloró, pero dejemos las ramas y volvamos a...
Era el enunciado enmarcado en forma de letrerito que uno veía por todo lado y a lo largo y ancho de la ciudad. Ya parecía más un eslogan de uso común y obligatorio que toda empresa grande o chiquita, exponía y revelaba en cualquier gacetilla de empleos, o hasta en las fachadas de sus locales a manera de anuncio o requerimiento. Y esto de la “ buena presencia ” era el único elemento a franquear por cualquier señorita veinteañera que deseaba alcanzar un puestito o trabajito en cualquier emprendimiento, sobre todo en el área de servicios. Sí, y lo que estaba implícitamente escrito en este quinteto de palabras, se debía de leer como un “estego”, cuya real traducción era: " se necesita una joven agraciada, no más de veinte y pocos años, pues una de treinta, es un vejestorio para estos empleos ". Y lo más importante, " estar dotada de generosas y exuberantes curvas, para este caso cuanto más, mucho mejor ". Aquello de la preparación técnica, o académica de la soli...