Muy
a menudo ante crisis existenciales, buscamos, ampararnos, refugiarnos en alguna espiritualidad,
para tratar de encontrar protección y de paso alcanzar una ayudita extra, de uno o
varios seres incorpóreos, u otros con o sin atavíos astrales, que se supone disfrutan
de los cielos y de otras dimensiones conocidas o por revelar, en fin; y que,
por sus cualidades nobles se han ganado el pasaje y la estadía
de morar por allá, y ahora, tal vez se dignen en atendernos y nos echen
una manito, para que nuestra permanencia, por acá, en este valle de llantos, sea
más llevadera.
Por
lo que inicié mi tarea de exploración, a través de esas empresas y
emprendimientos que a alguien se le ocurrió subcontratarlas, para que obren a manera de catapulta. En consecuencia, para que nosotros
impíos seres, podamos alcanzar el más allá, y allí, pues, si no a sentarnos a la mesa de
nuestro gran hacedor, al menos, nos hagan algún sitio, en la cola de espera de
las puertas de ese gran reino, cuando aterricemos en él. Claro, sí la catapulta apunto al lado correcto.
Empecé
mi misión de examinar, cuál de ellas, ofertaba las mejores prestaciones que el
mercado religioso me pueda proveer, es así que caí por:
Los
dominios del judaísmo, pero ¡diablos!, ni bien puse un paso dentro de sus
claustros ideológicos, tuve que picármelas* ya mismo, pues querían
circuncidarme, en nombre de un pacto o alianza que, hasta ahora no lo tengo muy
claro, pero esto de quitar alguna parte a mis nobles “partes”, no está entre
mis planes mediatos ni inmediatos y no hay crisis existencial que me haga
reconsiderar ello, porque con estas cosas, u órganos no se juega.
Anduve
con los mahometanos, pero revisando la teoría y práctica de sus dogmas y dado a
que tengo dos hermosas hijas, no quiero que ellas sean consideradas propiedad
privada, de ningún tipo, más bien, es mi deseo que se erijan, cual minaretes
que se elevan al infinito, y sean dueñas de su propio destino y felicidad. Y
salí huyendo, pues no vaya a ser que alguna de las mil vírgenes de sus paraísos
oníricos, venga a seducirme y cambie de opinión.
Es
así que, llegué a los emprendimientos antiguos y nuevos del esoterismo, pero
recordé que cuando era aún joven, transité por estos caminos, y dado al
secretismo y al grado de segregacionismo pues sólo unos pocos son los
elegidos para la revelación del conocimiento, la verdad, no me seduce la idea,
de retomar este lado del sendero, pues soy partidario que el conocimiento y la
iluminación debería ser ecuménica, sin distinción alguna.
Entonces
me dije, el consorcio de los católicos, será la solución. Pero ¡diablos y
demonios infantiles!, tal vez no sea admitido en esta empresa, pues estos curas,
obispos y otros prelados, prefieren en grado sumo a los niños y les encanta la
idea de seducir a estos inocentes párvulos, y profanaron en nombre de sus
desvíos, aquello que dijo nuestro redentor, “… dejad que los niños vengan a mi…”
Y
acaso me digo, la inquisición debería ser restaurada, pero para drenar todo
este pus que gangrena sus entrañas.
¡Mi
periplo ha terminado!, y llego a la única conclusión que, no hay empresa
intermediaria de culto, de religión o dogma, astral, o terrenal que tercerice
mi relación directa con mi creador, tal vez sólo debería echar una mirada dentro
mío, y allí en lo más profundo de mí, logre desempolvar, lo que hay allí, y se
revele esa tímida luz que está opaca y se torne en la lumbrera que seguirá
guiando mis pasos.
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* Picarmelas. Dícese de la
gramática acuñada por la real academia de la calle, para este y todos los casos,
interprétese como: salir despavorido, salir disparado, o algo así.
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