Cuando era chiquillo tenía en mi mente la idea que Dios era como el de las fotitos e imágenes, retratos y efigies que se exhiben y exponían en los atrios, paredes, urnas, ermitas de cualquiera de las iglesias, templos, y otros. O aquellas otras figurillas mostradas por cualquier dogma, culto, cofradía que se profesaba. Me imaginaba invariablemente como un espléndido humano.
En la antigüedad, en específico los antiguos
griegos, poseían innumerables dioses, a los cuales designaban con diferentes
nombres, y atributos. Sin embargo, muy sabiamente, había cabida para elagnostou
theou* en sus templos, destinado para todas aquellas personas que tenían
otras formas de pensar, y para que éstas, puedan presentar sus ofrendas al dios
que poseyeran.
Mi Dios, no está representado por una imagen
real o ficticia, de aquellos días, cuando era aún un mozuelo. De hecho, es más íntimo
y propio, que está más allá del bien y del mal, de cualidades personales y mortales.
En efecto, no lo puedo reducir a darle atributos humanos, en consecuencia, aceptar
a un dios, castigador, rencoroso y que adora que le prodiguen, mañana tarde y
noche alabanzas y lisonjas. Me niego a creer que tenga algún pueblo, raza,
etnia preferida, y que sólo haya hecho promesas y alianzas con éstos y para
ellos. De allí que, algunas religiones humanas se irrogue, el hecho y derecho
de ser su pueblo predilecto y escogido.
Creo en el Dios que me creó tal cual, para que pueda
vivir y ser feliz donde quiera que este. No precisa de mis súplicas, ruegos y
alabanzas, pues ya sabe lo que callo y necesito. Tal vez se parezca al dios, de
los antiguos helenos. A ese Dios desconocido, que no tiene bandera,
ni país, pero es universal, y también muy íntimo. Es el Dios que está y se manifiesta diariamente,
a través del aire que respiro, al contemplar alguna estrella solitaria, en el
amor de la familia, a través de los hermosos colores que irradia una puesta de sol, y
hasta en el ronroneo sincero de gratitud que me prodiga, mi gato, mientras lo
acicalo.
Tal vez esté equivocado, pero ello es
irrelevante, frente al hecho de que éste me puso acá, en la tierra, para buscar
mi pedacito de felicidad, al lado de todo lo que creó a mi alrededor.
*Νή τόν Άγνωστον, elagnostou theou. Grafía Griega que significa El Dios Desconocido.
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