Y otras buenas nobles y desinteresadas ofertas Trato de evitar tropezar o caer por cualquier dominio digital que me invitan a ciertos cursos, entrenamientos o certificaciones, y que prometen, juran y re-juran que estos serán gratuitos. En nuestro pasado inmediato, antes del auge de las plataformas digitales, había que prestar mucha atención a la "letra chiquita" que venía adjunta en cualquier formato impreso, que prometían que tal o cual cosa, al igual como ahora, estos duchos timadores te hacían pensar que aquello en donde ponías tu firma, conseguías una genial oferta. Sin leer pormenorizadamente el detalle draconiano escrito en formato ridículamente pequeño y sumamente frondoso, adjunto por algún lado del documento, por lo que nadie atinaba a leer aquello. Más cuando lo que imaginabas como una ganga o una oportunidad única. Al final, lo recibido no se ajustaba a la "eficiente propaganda promocional", no había lugar a reclamo, pues simplemente te hacían ver que...
Nunca llamo por teléfono a mi viejo*, generalmente lo hago solo en fechas específicas circunscritas al calendario festivo familiar. Ya que vivo en otra ciudad, mi comunicación es a través de plataformas virtuales de video muy de moda en esta era digital. De hecho, es él quien siempre está llamando por teléfono, para saludar o para preguntar por la familia, siempre está pendiente de nosotros sus hijos, pese a que todos ya somos adultos. Cierto día, tratando de ubicar a alguno de mis hermanos y puesto que no lograba localizarlos en sus móviles particulares, en sus redes sociales, ni en cualquiera de sus otras plataformas de comunicación, ¡diablos! Ahora con tantas herramientas virtuales de comunicación a nuestro alcance y estamos más incomunicados, se me ocurre llamar a mi viejo para ver si me puede contactar con alguno de ellos. De manera que, le marco a su teléfono y contesta inmediatamente: - ¡Si aló. Aló! Me contesta. - ¡Aló, soy yo! Le retruco. - ¡Quién habla. Quién es! ...