Hasta ahora no
hemos podido idear, manufacturar, algún medicamento, alguna pastillita o cuando
menos una vacuna, descubrir alguna hierbita, brebaje, pócima o infusión, para que mediante su ingesta directa o indirecta, pues, evite que incurramos en los mismos errores una y otra vez, día a día, año a año, a
lo largo de la vida, y de nuestra historia.
Sólo se necesita
de un breve periodo de tiempo que transcurra para que, la memoria colectiva o
individual, aflore como amnesia perpetua, y las sombras del pasado asomen al
presente como si aquello nunca hubiéramos pasado o experimentado.
Y si examinamos a
través del tiempo nuestra historia individual o como una extensión nuestra, es
decir, como sociedades plenamente racionales, resulta en un continuo proceso de
repetir precisamente aquellos errores, que deberíamos evitar. Parece ser una
constante, como un defecto incorregible. Tal vez se olvide por lapsos más o
menos cortos o largos, pero lo que resulta perenne es, ese “deja vu” inexorable.
Acaso el bordón, que indica, "es en la repetición es donde se encuentra el buen
gusto" ¡Diablos y demonios iterativos! pero sólo aplicamos ello para las cosas
negativas y muy poco o nada para hacer lo opuesto.
Se podría pensar
que es propia de sociedades o individuos que pertenecen a castas con
insuficiente desarrollo humano, pero al parecer ello no es así, pues en nuestra
aldea global siempre habrá individuos, y lo que es peor, masas de seres en
pleno y cabal ejercicio de todas sus facultades, que incurran, sigan y hasta
veneren estas estupideces globales.
Sería genial
inventar una especie de vacuna que actúe a nivel genético, para enmendar y
corregir estos genes que están agazapados y al acecho de una oportunidad para
exponerse o revelarse.
Ya sea en temas
de, salud, economía, política, religión, social, en fin, no hay actividad humana
que esté dispensada de tales taras.
Dado a que hasta
ahora ello es imposible, quizás seguiremos asistiendo a un continuo y perpetuo
tropiezo de los mismos yerros.
Por lo que, como
para no desentonar con nuestras viejas inclinaciones, iniciaré mi propia cofradía y más aún, con el auge de las plataformas digitales de comunicación
que han acentuado más dichas taras, estoy seguro, tendré un auditorio cautivo,
dispuesto cuando menos si no a seguirme, a escuchar y hasta comulgar con cuanta
idea, teoría peregrina se me ocurra, hasta que otro(s) me subroguen por otras,
aún peores.
Comentarios