Desde que tengo
uso de razón económica, es decir, desde que me gano los frejoles con el sudor
de mi frente, esto de la inflación y deflación ha pasado de ser un tema irrelevante
a formar parte del syllabus obligatorio de toda persona adulta más o menos responsable
con sus finanzas tiene que seguir.
Cuando eras un
crío y aún usufructuabas del hogar materno, esto de las inflexiones, contracciones
y otros conceptos económicos eran completamente irrelevantes y estaban fuera de
tu radar. No había manera que ello te quite el sueño, ni nada que desaliente tu
voraz apetito.
Resulta que lo
único estable y permanente en nuestra sociedad es el tambaleo y la frecuente
inestabilidad de la hacienda pública. Por lo que siempre presto atención a todos
y cada uno de los sabios consejos, que los gurús económicos me reclaman en disminuir
los gastos en, ese formidable tinto Tokajy*, cuyas antiquísimas parras tal vez
estuvieron en alguna mesa de nuestro redentor, y ahora ya no estarán más en la mía.
O me susurran que, debo privarme de esos tiernos y celestiales bocadillos Wagyu**,
que al mínimo contactó con mi paladar, éstos se disuelven primorosamente transportándome,
etéreamente, a las frescas praderas japonesas donde observó con pre-claridad
cómo estos vacunos apacientan. ¡Pero de qué carajos hablo!, creo que es esta
economía inflacionaria depresiva que me hace divagar, pues hace rato que lo
único que bebo es “agüita” de caño”, aquella que emana de la alcantarilla de la
ciudad y tengo que exprimir alguno que otro limoncito bien ácido, porque de
lo contrario resulta imbebible, y sin un terroncito de azúcar, porque éste, está
por las nubes, si, literalmente ya que su precio resulta inalcanzable. Y de qué bistecitos hablo, pues hasta “vegano***” me he convertido, y no por una sana y sostenible decisión de negarme a usar como alimento a otro ser que nuestro
creador puso allí, al igual que nosotros, en la faz de la tierra. Sí, ahora soy
un converso, puro y duro, pues ya no recuerdo cuándo fue la última vez que me
tramité bocadillo de algún magro corte de bovino nacional.
Por lo que, esto
de la inflación resulta como caminar sobre la nada, tal vez sobre una cuerda
floja mínimamente tensada y sin la barra de equilibrio por lo que, tendrás que
hacer malabares para no perder pie y seguir bizarramente adelante.
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* Tokajy. Para este caso, rey de los vinos y vino de dioses.
** Wagyu. Raza bovina japonesa
caracterizada por su jugosidad, terneza y espléndido sabor...bueno, eso dicen!!
*** Vegano. Para mi caso, por opción
no por elección.
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