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Honor y gloria a los craqueos

¡Obtenga software auténtico! Es el anuncio a manera de cintillo emergente que aparece en  la pantalla de mi PC, cada vez que doy inicio a cualquier aplicación de la suite ofimática, en cuyo fondo del color amarillo ocre, resalta ese texto. Esta advertencia se aloja en la parte superior o en el encabezado de la ventana gráfica, en específico, debajo de los cintillos de opciones de las aplicaciones, y se extiende de extremo a extremo. O aquel otro, que se planta en pleno centro de la pantalla invadiendo toda esta, y en ambos casos, me exhorta a obtener alguna licencia para su uso. Y pues como debe ser y también como corresponde, pincho en la pestaña de enviar al tacho a todas estas advertencias, no obstante, sé que nuevamente estarán allí día tras día hasta que proceda a ser un muy noble y juicioso craqueo de estos programitas. ¡ Honor y gloria al buen crakeo ético ! ¡Ah!, pero no hay manera de el...

Copy right estudiantil

Tal vez sea la "fotocopia" el elemento más importante que recuerde todo estudiante de los 80's y 90's de cualquier centro de estudios.

Posiblemente en el campus universitario, faltaba alguno que otro laboratorio, mobiliario apropiado, aulas, quizás también se carecía de bibliotecas, y hasta de seguro no había una plana docente como Dios manda, en fin, pero lo que nunca podía faltar, o bueno en cualquier campus que medianamente se respete, era tener cuando mínimo, un centro de fotocopiado en cada facultad y, también como Dios manda, y para este caso particular, la prescripción de nuestro supremo creador era, el único mandamiento que verdaderamente se hacía carne.

Auditóriums repletos, o bibliotecas con aforos copados de muchedumbres, o aulas ahítas de bote a bote, no era un indicador de una floreciente comunidad universitaria. No, más bien se tomaba el pulso de su prosperidad, en relación al grado de concurrencia, pero a estos centros de fotocopiado.

Era como si todo trascurriera en torno a esas maquinitas que te sacaban de cualquier apuro. Fotocopiabas los apuntes, de los apuntes de alguien más, algunas separatas del profe, algún capitulo, versículo y, por qué no, todo un libro de cualquier materia. De hecho, cada materia académica, en su syllabus, tenía la indicación de fotocopiar tal o cual títulos o todos ellos.

Creo que el cenit de la industria del fotocopiado llegó a mostrarse en todo su esplendor en estas décadas y sin cargo de conciencia de ningún lado. De hecho, quizás era el sistema más democrático que respetaban profesores, estudiantes, y administrativos, y sin el menor reparo o remordimiento de ningún lado por violar los derechos de autor, pues esto del copyright, era algo así como, un cursito teórico sin la parte práctica y sin créditos asignados a dicha materia.

Creo que ahora todo aquello resulta anecdótico, hoy, los muchachos con los innumerables canales, plataformas de comunicación e información que disponen, quizás les resulte exótico, pero lo cierto es que lo único que se mantiene y sigue floreciendo, es ese cursito teórico que en buena cuenta fue y, que hasta la actualidad subsiste, "el copyright estudiantil", ahora con una pequeña variante, “copiar y pegar digitalmente.




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