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Honor y gloria a los craqueos

¡Obtenga software auténtico! Es el anuncio a manera de cintillo emergente que aparece en  la pantalla de mi PC, cada vez que doy inicio a cualquier aplicación de la suite ofimática, en cuyo fondo del color amarillo ocre, resalta ese texto. Esta advertencia se aloja en la parte superior o en el encabezado de la ventana gráfica, en específico, debajo de los cintillos de opciones de las aplicaciones, y se extiende de extremo a extremo. O aquel otro, que se planta en pleno centro de la pantalla invadiendo toda esta, y en ambos casos, me exhorta a obtener alguna licencia para su uso. Y pues como debe ser y también como corresponde, pincho en la pestaña de enviar al tacho a todas estas advertencias, no obstante, sé que nuevamente estarán allí día tras día hasta que proceda a ser un muy noble y juicioso craqueo de estos programitas. ¡ Honor y gloria al buen crakeo ético ! ¡Ah!, pero no hay manera de el...

VENEQUITOS Y VENEQUITAS

Realmente es poco el tiempo que llevan viviendo entre nosotros y sin embargo, ya hemos aprendido hasta de su cocina, resulta fascinante y curioso. Han visto que nuestros tequeños son microscópicos comparados con los suyos, es más hay que pedir ayuda extra para devorarlos. Si se te antoja uno de ellos, y vas con alguien más, ¡diablos! la otra persona tiene que cargarlo al hombro mientras tú por el otro extremo vas acometiendo con furia.

Al comprar nuestros tamales domingueros, que parecen ser una masa más o menos de color que no identifico su tonalidad, ladrillada, naranja, amarilla, bueno no sé., viene envuelta en mil hojas de plátano y la única que parece limpia es la más interior, pues las otras como las recogieron de la chacra las pusieron. No se tomaron la molestia de asearlas un poco.  Y a gritar más emocionado que el mismísimo Arquímedes la genial interjección EUREKA si es que contraste un pedacito de pollo, u otro más microscópico pedacito de cebo si lo pediste de puerco.

Sin embargo, el otro día probé una hayaca bueno, es un tamal propio de tierras llaneras, diablos, me hizo recordar los tamales que preparaba mi vieja, era capaz de meter un pollo entero en cada tamal y en él, re-rellenaba al cuadrado o al cubo, con infinidad de verduras, y todas estas maravillas, las encerraba dentro de una masa de maíz amiláceo blanco, que lo hacía celestialmente buenos.

También he disfrutado de unos panes alargados, envueltos y recubiertos con un kilo de queso maravillosamente derretido. Y si la comparo con un pan piza de la panadería local, el queso si está presente no se percibe, pues por donde la mires más parece un solo bodoque de pan

Hasta su carácter personal es genial, siempre en buena gracia, aún cuando las condiciones del día a día son difíciles para ellos, pues dejar tierras maternas por otras desconocidas, obligados no por voluntad propia sino por hechos circunstanciales, los hace mejores personas. Lo bueno es que el universo gira, y el mudo da vueltas, lo mismo en nuestras vidas de manera que, el mañana será mejor.

A diferencia de los nativos que siempre están de un formidable pésimo humor y peor carácter. Me pregunto de qué agua tomaron, qué comieron o dejaron de comer para andar siempre malhumorados, no pueden ni responderte a elementales preguntas de información geográfica, o servicios. De manera que, cuando el vendedor es venequito y me falta algún centavillo para comprar algo, muy amablemente me dicen: ¡papá no te preocupes, así está bien! y hasta ñapa me dan, porque así llama a la que nosotros llamamos ¡yapa!. En cambio, el vendedor local o nativo [ante este mismo trance] ¡fiar a otra parte acaso las cosas me regalan!. Son los casi permanentes días grises del año, lo que determina su estado de ánimo, espero que esto no sea contagioso.

Al preguntar por algo, o necesitar más información para tomar la decisión de la compra, si el requerimiento lo haces a un vendedor nativo, lo primero que recibes es una magnífica y reveladora cara  de disgusto, y segundo, te devuelve la interrogante con un tono no tan sutil de impaciencia: ¡tanto preguntas, lo vas a llevar o no casero! Es como si te estarían haciendo un favor por el hecho de venderte algo. Pero si tienes la suerte de que te toque una venequita, es la otra cara de la moneda.  Te informa hasta de lo que no preguntas, pareciera que te quiere informar en exceso y la amabilidad es lo más opuesto al primero.

Cuando estoy perdido en algún lugar, y pido información geográfica al respecto para enmendar mi extravío. Los locales me ignoran, no me contestan, o el mejor del casos, me dicen pregunte por allí. Pero si le pregunto a un venezolano, diablos, me da una lección completa de geografía local, me indican cual Google map, la distancia, el tiempo que me tomará llegar, y hasta las líneas de buses que van para allá, hasta evalúan el costo beneficio de ir a pie o en bus. En general una información completa y pormenorizada. La ciudad debería de contratarlos como informantes geográficos, pues yo llevo años viviendo en estas tierras y no conozco más allá del distrito donde vivo.

Si se me cae algo de las manos o de la bici por el exceso de compras, siempre hay alguno de ellos que acude a socorrerme, mientras los nativos ni me miran, y no mueven un dedo por ayudarme, aun cuando todo está tirado en el piso y delante suyo.

El pandillaje y los hurtos no tienen nacionalidad de manera que, son más las gentes honestas y esforzadas que tratan de salir adelante, y ¡diablos por último! hasta cuando te asaltan con su acento caribeño debería resultar más gracioso que dramático. ¡Óyeme chico p´arriba las manos me oyes Papi!

Y qué decir de las chicas, siempre lindas, aunque con un exceso de cubrimiento facial para mi gusto, pero a diferencia de las nativas, que siempre se esfuerzan por ocultar, estas se esmeran en mostrar lo que se agradece, pues la endogamia nunca a sido buena ni acá ni en la cochinchina, de manera que bienvenidos y sobre todo bienvenidas. Y a todo esto qué carajos significa ¡marico!.

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