Es
extraordinario que, microscópicos entes, pues por definición, los virus se los
considera partículas que están entre la vida y la muerte, y precisan de alguna célula
para parasitar y poder vivir y reproducirse, hayan puesto de rodillas a la
humanidad entera.
Han
resultado exponencialmente deletéreos, su tasa de daño es geométricamente e inversamente
proporcional a su insignificante tamaño que ostentan. Atacan sin prerjuicios, democráticamente
a todos los estratos de la sociedad. Excepto a una singular especie humana. Ya quisieran
los autócratas del mundo detentar una mínima parte de este poder, para su
beneficio personal…o acaso ya lo tienen.
Hay una copia muy real de estos entes, cuyo formato viene en apariencia humana, y se multiplican como estos virus, son también letales y agresivos que, se han despojado de toda su vestidura humana y se muestran tal cual son, verdaderos parásitos, y que pareciera que su única misión en la vida es medrar, subvertirla, corromperla.
Nada
los afecta, conmueve, no hay cielo o infierno que alteren sus vidas, es más, da
la impresión que hasta la misma naturaleza los hubiera inmunizado ante
cualquier mal, pandemia, u otro oprobio. No lo puedes creer, pues ni un
insignificante estornudo se les pega. Hasta el mismísimo karma que te devuelve
con creces tus malas acciones, pero en estos seres, son la excepción a la regla
y al contrario acrecientan y se fortalecen.
Me
imagino que, hasta los virus más mortales les temen, presumo por un tema de asepsia.
Tal vez el rey de los virus a su pléyade de virus (itos) dio la bula de que, jamás
contaminen a estas criaturas, dado a su alto grado de corrupción e impiedad ya
que, al hacerlo, podrían poner en peligro su cadena reproductiva, en consecuencia,
su existencia.
Ahora
incurro en la cuenta, que la existencia no es justa. Mientras las persona
nobles y bien intencionadas se extinguen poco a poco, éstos parásitos prosperan y propagan al igual que los virus, pero a diferencia de éstos, que tras minuciosos
y escrupulosos estudios se pueden crear antídotos para mantenerlos a raya, a manera
de control. Los otros persisten y subsisten, y cada vez emergen biotipos más resistentes,
y no hay vacuna ni antídoto que los asuste. Acaso el mundo en algún momento se poblará
de estos seres. Me imagino, si ello ocurre, que sólo quedarán recuerdos de una sociedad justa, humana,
noble, generosa, honesta que fue rebasada por ésta plaga humana, o quizás ni siquiera estas memorias quedarán.
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