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Honor y gloria a los craqueos

¡Obtenga software auténtico! Es el anuncio a manera de cintillo emergente que aparece en  la pantalla de mi PC, cada vez que doy inicio a cualquier aplicación de la suite ofimática, en cuyo fondo del color amarillo ocre, resalta ese texto. Esta advertencia se aloja en la parte superior o en el encabezado de la ventana gráfica, en específico, debajo de los cintillos de opciones de las aplicaciones, y se extiende de extremo a extremo. O aquel otro, que se planta en pleno centro de la pantalla invadiendo toda esta, y en ambos casos, me exhorta a obtener alguna licencia para su uso. Y pues como debe ser y también como corresponde, pincho en la pestaña de enviar al tacho a todas estas advertencias, no obstante, sé que nuevamente estarán allí día tras día hasta que proceda a ser un muy noble y juicioso craqueo de estos programitas. ¡ Honor y gloria al buen crakeo ético ! ¡Ah!, pero no hay manera de el...

La paciencia mi mujer y yo

Cuando por algún motivo mi mujer me pide que la acompañe a algún lugar, en realidad lo que necesita es transporte, por lo que yo no de muy buen agrado decido hacerlo.

Y es que las mujeres, en especial mi mujer pierde la noción del tiempo, cuando sale de compras, o al mercadillo cercano a la casa a realizar cualquier doméstico mandado, digamos que mínimo se toma un par de horas en estos trámites, mientras que yo en un tris, sin necesidad de montarme sobre mi vehículo prefiero treparme a mi bici y listo. Hace años que dejó de gustarme la experiencia de estar al volante, y no porque sea una grata experiencia y placentera, sino que todo el encanto se pierde cuando otros seres con menos sentido común que el que tu posees, comparten la misma vía, y se atreven a rodar por la ciudad para mi disgusto.

Indefectiblemente terminamos en malos términos, ante mi irritabilidad y poca paciencia así que, siempre me recrimina la poca paciencia que tengo y está la tribuye a mi madura edad, a mis canas, bueno en realidad, a los ralos pelos que aún cubren los lados de mi testa.

La verdad es que creo que, se toma demasiado tiempo en hacer sus cosas, mandados o compras, las que yo lo haría en un santiamén, ella por supuesto se toma toda una vida, eso sí en el trayecto no se encontró con alguna amiga o conocida, lo que resultaría en mi inexorable fin.

Sé de antemano que debo llevar algo para leer o entretenerme, pero porfiadamente asumo que el paseo será breve, pero resulta que mi raciocinio lógico está errado, como siempre, sé que el resultado va a ser evidente, redundante en conclusión tautológico, pero en el fondo mío hay la minúscula esperanza que esta vez será distinto, pero no.

Pongo la auto-radio para distraerme, pero me resulta de lo más aburrida y tanto o más que la misma espera, trato de garabatear algo, porque sé que la inspiración puede hallarse en los lugares más insospechados, pero éste nunca es el lugar, por lo que atino a salir del vehículo y proceder a limpiarlo. Ya he terminado de limpiarlo de cabo a rabo, he logrado sacar a hasta el último polvillo que haya osado adherirse a la superficie exterior del carro.

Pero nada, como diría mi viejo, "no se la ve por ningún lado, ni sus polvos". Voy por la segunda limpiada acaso haya fallado en la primera, y algún advenedizo polvillo haya pasado por alto, pero nada, la tercera refregada, ya de tanto pulirlo se ve super resplandeciente y brilloso. Y la espera sigue impenitente, nada, me devuelvo al interior del coche, para nuevamente salir una y otra vez, hasta este punto mi paciencia ya decayó, cuando por fin logro divisarla a lo lejos, la veo que se acerca con infinita paciencia y si va acompañada eventualmente por alguna de mis hijas el trayecto desde que la ves, hasta su arribo al carro se hace una eternidad, no porque la escena discurre como en cámara lenta sino por las múltiples distracciones que encuentran en su camino de retorno.


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