Eran unos botines negros que terminaban en
una pequeña punta cuadrada, y diablos como me disgustaba usarlos, hacia todo lo
imposible por acabarlos ya mismo. Los sometía a las pruebas más rudas jamás testeadas,
pero aquellos asistían a ellas y emergían de éstas sin el menor rasguño e indemnes
como entraban salían, por más que me esforzaba en acabarlos, creo que, estos habían
nacido para vencer.
Es como si especialmente los hubiesen
concebido para mí. Cuando eres un chibolo de antaño, pues los de ahora son en
extremo sedentarios, las tabas* solo te duraban tres o cuatro meses, eran
literalmente una pelea natural de sobrevivencia, ellas o nosotros, y siempre nos
coronábamos como vencedores. Hasta que aparecieron estos botines que le encantaba
a mi viejo y yo detestaba.
En aquel tiempo, estoy seguro de ello, los
chibolos teníamos encadenados a nuestros pies al mismísimo demonio y este
trataba de liberarse pues no había piedra, lata o cualquier otro objeto suelto
o parte del mobiliario de la ciudad, que se haya librado de ser tratado como una pelota
de fútbol. Ni calle de la ciudad ignorada, como diría mi madre, para aplanar
las calles** o por donde mataperrear e indistintamente con lluvia o sin
ella, entre charcos, barro o arena eran todos ellos un esparring perfecto para someterlos sin dudas ni vacilaciones a dichas inclemencias.
Es por ello creo que, mi viejo los mandaba
confeccionar a mi medida, y cuando escuchaba que tenía que ir donde nuestro "zapatero
de cabecera"… - pues mi viejo tenía la manía de mandarlos confeccionar en un
sólo lugar, claro está, en su zapatero favorito ducho en peletería bovina y, estoy
seguro no había otro lugar similar, eran confeccionados completamente a mano y, sus dos insumos principales eran el cuero de algún bovino y las gomas de las ruedas
vehiculares, eso creo-…en consecuencia, cuando recibía el mensaje veraniego, no era otro para que tomen las medidas a mis pies, para un nuevo
calzado escolar del año que se iniciaba, y ya sabía de antemano, el modelo, forma, color y todas las características
que estos tendrían y no había margen de maniobrar para elegir otro modelo, pues al
parecer nuestro zapatero, bueno en realidad lo era de mi padre, se había
especializado en la manufactura de ese tipo de calzado. Felizmente cuando eres
chibolo tus pies crecen a la par como vas desarrollando año a año. Doy gracias
a Dios que éstos zapatos felizmente no podían crecer como lo hacían mis pies, de lo
contrario hubiesen sido eternos, así cada año antes del inicio del "cole" ya los tenía. Unos
nuevos hechos a mi medida, listos para su estreno, aun cuando en el fondo los detestaba.
En la secundaria no sé hasta qué año use
aquellos zapatos, al final creo me encariñe con el modelo.
Estoy seguro que, si hoy buscaría mis
antiguas cosas de aquellas épocas muy pocas o casi ningún objeto encontraría,
salvo quizás aquellas tabas que mi viejo me compraba, tal vez tan relucientes y
brillantes como símbolo de aquellos recuerdos dichosos e inolvidables que permanecen
eternos.
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*TABA. Argot
popular de aquellos años para de dignar a tus zapatos
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