Han leído alguna vez una resolución de
cualquier ente gubernamental, diablos hay que conseguir un traductor para
reconocer lo que nos están comunicando, pregunto acaso, es tan difícil usar el
español común y silvestre, por qué no usan un lenguaje llano, de uso corriente
como cualquier cristiano. Presumirán quizás que, al hacer uso de este lenguaje,
tal vez los hará ver y parecer más profesionales, pues en absoluto, es todo lo
contrario, hasta me parece de lo más ridículo.
Cuando por algún motivo te encuentras en este
tipo de telaraña burocrática, e hiciste valer tu derecho a la apelación, ante la municipalidad respectiva, esperando que la respuesta sea igual de clara y
simple, como tu texto elevado a dicho ente. Pero lo que te retornaron ya no
parece una respuesta, sino una enumeración pormenorizada de decretos, leyes, artículos,
estatutos, apartados, párrafos, incisos y más incisos de leyes que, tú jamás suponías
que existían pero aunque no lo creas, las hay, y nuevamente te reiteran, uno y
otro capítulo, con sus respectivos versículos y enmiendas respectivas, de todas
las constituciones que han pasado, desde la creación de los tiempos, hasta las
que se encuentran vigentes y quizás las que un futuro vendrán. Pues les encanta
remitirse a cualquier marco legal real o inventado, sin omitir ningún número ni
coma. Apuesto a que ellos mismos, no están seguros de lo que citan, nombran y/o
remiten.
Y qué debo entender cuando me hablan de:
- Otro sí… Otro sí no…
- Obra en autos…
- Consta en autos…
- Merced conductiva…
- Ordenamiento sumarísimo…
qué demonios significa:
Córrase traslado al recurrente…Y ofrecidos los medios probatorios agregándose a los autos de los anexos que acompañan…. Habilítese de lugar y tiempo…
¡Plop!
Y ¡re-Plop!
Apuesto a que, ni ellos mismos pueden entender
estos garabatos que escriben. Quizás habrá que pagar a un abogado para que te
lo traduzca, y creo, que ni ellos están seguros de realizar esta tarea.
Y si esto ocurre a nivel más o menos doméstico
o vecinal, no quiero imaginar cómo será en aquellos niveles, más o menos especializados,
como los de cualquier ministerio estatal.
Acaso tal vez deberíamos sólo quedarnos con
los diez mandamientos del antiguo testamento, como único reglamento general y específico, es todo, y de hecho, habría que reducirlo aún más. Creo que estas gentes, jamás han escuchado la frase de, menos,
es más. Por lo que, poniendo en práctica dicha sentencia, nos
ahorraríamos ya mismo de una abultada burocracia y corrupción.
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