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Márquetin callejero

 ¡... No, no se amontonen para todos hay, si dale, dale pésale un kilo, al otro señor otro kilo más. Pásale la bolsa, pásale pásale. Para todos hay, no se amontonen. Dale a la señora, dale también al otro señor. Dale al carro rojo. Al azul, al azul también. Dale al otro, si un kilo más. otro más...Nos volvimos locos, todo está en oferta. Dale a ella un kilo más. Ya si uno más, uno más por allá ...! Son los sonidos que se filtran hasta mi habitación, y logro identificarlos, sin duda esta acústica proviene de la amplificación de un típico megáfono. Lo otro que logro inducir, basado en la diatriba que llega a mis oídos con una generosa dosis alta de decibeles, que la fuente de toda esta estridencia sonora es sin duda algún típico buhonero , o vendedor itinerante que está pasando por mi calle. Lo que me llama la atención de esta lírica acústica es, por un lado, escuchar los efusivos llamados a la acción, ya que en general en esta comunidad donde vivo, es muy poco frecuente escuch...

Plataformas de Comunicación Modernas

Televisor encendido, a pleno volumen, y de hecho ocupa el lugar más importante de la sala, tal vez sea crecidamente más grande que mi propia sala, es lo más preponderante y cuanto más grande, mejor. Pueden faltar sillas, sillones, mesa central, muebles o cuadros en fin cualquier mobiliario de la sala, si cualquier cosa, pero no un televisor. Y tiene que ser como Dios manda, ultra Smart, Smartscreen, Smartnet, y todos los Smart que puedan existir y de todas las pulgadas posibles que el mercado de entretenimiento nos lo pueda proveer, en consecuencia, ocupará el lugar principal del hogar. ¡Diablos!, es tan inteligente que me niego usarlo, pues rehúso a aceptar que cualquier objeto doméstico que me rodea sea más listo que yo, pero la verdad es que, todo lo que me rodea de hecho ya lo es.

Por lo que prefiero estar al mando, aunque sea sólo de mi propio televisor, marca Zenith, y de manera manual, ya que este dispone de una perilla para cambiar de canales, o con mi aparato de control remoto de la era de los Picapiedra. Y es que este televisor, al ser vintage, posee una especie de trasero o poto descomunal tras la pantalla oval, y que mis menores hijas cuando, las dejo entrar a mi covacha*, donde éste está alojado, me interrogan acerca de esta parte gigantesca que tiene en la parte posterior. ¡Es la otra parte del televisor!, les explico, pero no alcanzan a comprender porque, mi tv tiene esa peculiaridad ciclópea.

Lo bueno es que realmente logro disfrutar en él, de cualquier programa, por cierto, ninguno de programación doméstica ya que estos me producen estrés post traumático, por la pobreza y miseria de sus contenidos.

Me doy una vuelta por la sala de la casa, a ver qué en que anda la familia, y como es habitual, cuando no están haciendo sus particulares quehaceres, la postal típica de ella es: todos los miembros muy cómodamente sentados, incluido nuestros pets, arremolinados cada uno  a su manera, en su rincón preferido, y claro, un super inteligente televisor encendido, haciendo lo suyo, y el resto de la familia también, es decir, cada miembro del hogar concentrado en lo que mejor saben hacer, es decir, examinando y revisando concienzudamente sin parar sus móviles, ultra y super inteligentes. ¡Diablos! No perciben ni siquiera mi presencia. Bueno en realidad donde quiera que esté, siempre paso inadvertido, pero acá en la casa ya es imposible hacer tangible mi manifiesta presencia, por lo que, la única alternativa para poder comunicarse con cualquiera de los miembros de mi familia que están allí, frente  a mí, es recurrir a mi móvil, por lo que trato de tímbrarles, pero nada, les vuelvo a marcar, nada, y recién cuando recurro a sus redes sociales, allí reparan y me responden: ¡papá hola, dónde andas!, estando prácticamente al lado suyo, por lo que sólo atinó  a decirles que: ¡nada, que todo está bien, y quería saber, qué van almorzar, ya que como estoy en el polo sur,  tal vez demore en llegar!, a lo que me contestan, ¡ya papi, ok, nos vemos luego!. Y siguen concentradas en sus redes sociales, sin levantar la mirada.

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