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Lo sospeche desde un principio

Racista, sexista y exlcuyente Pensé que en cuestiones de meeting o charlas digitales ya lo había visto todo, pero como ya es una constante en mí siempre resulta que por siempre estoy errado. Accedo de buen agrado a un "convite " a un curso sobre, o acerca de “ recursos humanos [RRHH] ”, y en “verdacito” mis viejas sospechas de lo que entiendo en su acepción amplia o genérica sobre nuestros "recursos" , sean estos de cualquier origen, pues viene a mi memoria inmediatamente cuadros tácitos de depredación, explotación, sobreexplotación, extinción, y un par más de perlitas relacionadas . Ahora, tras este “ entrenamiento ” reafirmo que esas sospechas centradas en externalidades negativas , han trascendido a “ internalidades ”. Ya solo con leer el título de "recursos humanos" me viene inmediatamente a la mente, la figura de "minería humana", y donde el ser humano es considerado un "insumo" o un “recurso”, o como lo llaman eufemísticamente l...

Un tema trascendental

El otro día permanecí un buen rato reflexionando sobre un tema trascendental, super importante y es que, en particular cuando arribo a casa, de hecho, cuando lo hace cualquier miembro de nuestro núcleo familiar, tenemos un procedimiento en extremo peculiar de llamar a la puerta. Mantenemos ya una clásica y original forma de tocar el timbre de ésta.

Para nuestra comunidad familiar nuclear, es tácito lo que expresa cada uno de ellos. Sí, cada uno y todos los timbrados, de hecho, está explícitamente deducidos e interpretados por la ley de la esteganografía acústica, que sabiamente hemos perfeccionado con el tiempo, y su elaboración, manipulación e interpretación, es nuestra patente de corso familiar.

La continua presión que ejerce las yemas de los dedos índice y/o anular cuando se posan en el botón o pulsador del timbre, es como un mini ritual y cuyos pormenores o mayores, sólo los miembros familiares reconocen y saben lo que significa cada una y todas las campanadas a la vez.

El común de la gente puede imaginar y tal vez dirán, ¡diablos qué manera es esa de tocar el timbre!, cuando escuchan la seguidilla e insistentes repiqueteos que se originan por una desmedida pulsación del botón del timbre. ¡Acaso es algo urgente, alguien está apurado en ser atendido!, por favor vayan atender quién es, y ver qué pasó! Me imagino que eso les pasará por la cabeza.

Pero no para nosotros, nada por el estilo, todo muy alejado de la realidad, más bien este algoritmo acústico se traduce como: ¡holis familia, acabo de llegar, como van, por favor tengan la gentileza de abrir la puerta, dado a que ahora no tengo la llave! Si, eso es lo que, cada miembro de nuestra familia sabe lo que expresa y significa cada nota y repiqueteo de nuestro ding-dong o door bell smart familiar, y nadie se incomoda, altera o apura por acudir y prestar ya mismo la atención a dicha peculiaridad de llamar a la puerta.

Alguna visita que está en casa,  si tiene la dicha y suerte de estar presente, al momento que ocurre este evento, también puede quedar perpleja, estupefacta y sorprendida por tan inaudita forma de llamar a la puerta, pues la gente de ordinario, lo normal y usual que pulsa el timbre es, una o dos veces, y con extrema precisión, y cuidado, tratando de evitar sonar imprudente, desconsiderado, o insistente.

Nosotros escapamos a dichas taxonomías y realizamos exactamente 24 pulsaciones por segundo, sí, ni menos ni más, y todo ello en relación a un elaborado estego de anunciación de arribo a casa.

De manera que, si escuchas que alguien llama o toca con insistencia desmedida y frenéticamente el timbre de tu puerta, no debes preocuparte, pues sólo soy yo, o algún miembro de mi núcleo familiar que está llamando cariñosamente a tú puerta. 

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