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Con cuál me quedo

Invasión a la privacidad por cierto algoritmo fisgón

Hay cierta gente que anda algo psicoseada* o cuando menos asustada, porque esto de nuestra información personal está siendo recolectada por algunos algoritmos digitales que están colados en cada cosa que tocamos o vemos. Pero como yo lo veo, no debería de estar tan mal, y todo este banco de información, tal vez en algún momento, trascienda a nuestra actividad diaria y mejore, por ejemplo, los servicios reales que uno necesita.

De esta manera, al ingresar a cualquier oficina privada y sobre todo a cualquier ente público, para realizar cualquier trámite particular, espero que, algún algoritmo de aquellos que husmean tu “modus vivendi” haya hecho bien su trabajo y en verdad haya escudriñado y estudiado mis gustos y disgustos personales por lo que, mi expectativa es alta al cruzar sus puertas. Tengo la certeza que me esperarán, como debería de ser y no como dios manda para estos casos particulares. Al revelar mi presencia, el algoritmo encargado de perfilarme, recurrirá a toda la información acumulada acerca de mí, y lo traduzca inmediatamente y yo sea remitido a un área de espera sumamente corta, pues espero que el algoritmo haya dado testimonio que odio las colas y las sala de espera. Y donde este ambiente de espera, tenga una atmósfera climatizada, tal vez con un sutil aroma, según sea la estación del año. En consecuencia, una fresca brisa con una leve saturación de humores de fresas en primavera, recorran mis fosas nasales, seria genial. Un bálsamo de suave perfume de frescas naranjas en verano, sería muy cool, y si es la estación invernal, pues, me estaría aguardando en dicha estancia, un tibio cappuccino o cuando menos sólo una tenue fragancia de un expresso imaginario, de aquellos que glorifican y despiertan tus endorfinas. Doy por hecho, que el susodicho algoritmo después de esa brevísima espera, bajo esta grata atmósfera, me redirigirá a la ventanilla donde alguna funcionaria agraciada, sería la encargada de mi atención personalizada, pues no hay nada más digerible, que un lindo rostro en vez de, los inmortales y tétricos rostros burocráticos de siempre, de cualquier ente estatal.

Es más, estos algoritmos geniales, ya habrían puesto en alerta a todos sus sistemas digitales y satelitales y todos los que puedan existir y o por crearse, y ya tendría una respuesta esperándome, clara, eficiente, rápida, simple y, sobre todo, dándome la razón.

Si, ello esperaría de un eficiente algoritmo fisgón que haya estudiado como corresponde mi vida.

Si, eso esperaría en un futuro próximo, y estaría plenamente de acuerdo que, estos elementos cibernéticos escudriñen escrupulosamente mis aflicciones y gustos. Y ¡claro que sucederá!, pero sólo en mi “República Libre E Independiente De Mis Privativos Sueños”, porque en mi realidad o en la de cualquiera de nuestras republiquetas, no hay ni habrá, algoritmo bueno o malo, todo seguirá igual, con o sin ellos, y toda mi información personal o colectiva, será subastada a quien se le ocurra pujar por ellas, y lo peor de todo que, se me excluirá de cobrar algunos centavillos por el  royalty de dicho perfil, pues al fin y al cabo soy la inspiración de ellos.

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*Psicoseado. Dícese de la palabra que, … ¡diablos! no sé realmente lo que significa, o sí esta palabrita realmente existe para la RAE

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