Hace
cierto tiempo, ya no recuerdo cuándo fue aquello, solía tener un emprendimiento
ubicado muy cercano a un instituto de estudios de marketing o algo así.
El
hecho es que mi local estaba desbordado de avisos, anuncios, proclamas y otras referencias
creadas en verso o prosa literaria de acuerdo al producto o servicio, en fin,
cualquier cosa que me apetecía comunicar y promocionar. Todas ellas eran creadas
y mostradas en pizarrones con tizas, y en ambos casos de diferentes tamaños y
colores, y con estos sencillos artículos ejercía mi completa libertad para crear
y plasmar recursos de mercadeo, pero usando diferentes atributos retóricos.
De hecho, era una especie de lugar donde no sólo se alimentaba el cuerpo si no
también el espíritu.
Al
parecer todo esto llamaba la atención de los parroquianos y transeúntes que
circulaban por allí.
De
manera que, los chicos estudiantes del instituto en mención, se habían
convertido en caseritos* asiduos del lugar, y bueno de cuando en cuando, tomaban
fotos, y hacían referencia de uno que otro letrero, o epígrafes de los
pizarrones, hasta resolvía algunos cuestionarios y recibía sus simpatías.
El
hecho es que, a un grupo de ellos se le ocurrió la idea peregrina que, entrevistarme
sería genial, para aprobar alguna práctica, o alguna asignatura de su carrera
de mercadotecnia. Tal vez ellos consideraban que, lo que yo ejercía era como,
una nueva forma de márquetin, poco usual y ortodoxa, pero a la vez de cierto nivel
académico o intelectual, la manera que se vendía y promocionaba los productos o
servicios.
Aquellos chicos del instituto, cargados de sus grabadoras y cámaras se aparecen por allí,
y procedieron a hacer su trabajo documental respectivo, hasta que finalmente me
preguntan acerca de la misión y visión de la empresa.
En
realidad, honestamente les respondí, que lo único que busco es tratar de vender
mis productos y o existencias para sobrevivir un día a la vez, y tener el pan
diario en casa para el sustento familiar, sólo eso.
Creo
que pensaban o querían escuchar lo que su narrativa académica los había
conducido hasta mí, en consecuencia, estaban prestos de oír acerca de una
especie de idearios y planteamientos sobre objetivos concretos y generales, de
la existencia de la empresa y su rol en esta sociedad, y no una respuesta cruda
y dura de sobrevivencia de la vida real.
El
hecho es que, nunca más los volví a ver por el lugar, tal vez porque concluyeron
sus estudios, quizás; pero lo que presumo es que los jalaron a raíz de su
investigación sobre el curso en cuestión, pues mi criterio de misión y visión
tenían el único y real propósito de sobrevivencia, y estaba demasiado lejos
como para encajar con los conceptos que su "profe" pretendía enseñar.
...
*Caserito, para este caso cliente frecuente.
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