Nunca se olvida!!
El primer coche que adquieres lo consideramos como un pequeño bien muy preciado, pues llegas a tenerle enorme cariño, y hasta le prodigas de todos los cuidados para que esté siempre reluciente y bien cuidado, aun cuando éste ya haya sido usadito.
En ese afán no
había recursos insuficientes para mantenerlo y proveerse de todo lo que el
mercado automotriz brindaba, como para tenerlo permanentemente acicalado.
Cremitas protectoras, limpiaparabrisas adecuado, champú de pH neutro para no
estropear la pintura, en fin. Y todos estos cuidados nunca eran suficientes, y cuanto más, mejor.
Todo el interior del coche lo protegía con forritos, de hecho, sí se hubiera podido forrar todo el carro,
a manera de un cuadernito del colegio con su fundita plástica, para que este
no se estropee, apuesto que yo lo habría hecho, pero como ello no se vería muy
cool, sólo me limitaba a comprarle para el interior.
Claro que me
aseguraba que todos los fluidos estén en su adecuado nivel, y que este
anduviera super y bien engrasado en la parte del subchasis. Las gomas de las
ruedas tenían que estar siliconadas, y a la presión neumática recomendada. Me aseguraba que interior y exterior
estuviese siempre muy pulcro y desodorizado.
Estoy seguro que
si se hubiese podido suministrar de unos masajitos a este, no habría dudado en
brindárselo, en fin. Y en ese afán nunca estaba de más pasarle siempre su
franelita, tanto al interior como al exterior, de manera que, ningún polvillo
advenedizo se atrevía a posarse sobre él.
De hecho, viene
ahora a mi mente cuando mi hermano menor, adquirió el suyo, el muy cuidadoso,
tenía la costumbre de pasar los baches y gibas, que la ciudad nos regala
generosa y gratuitamente, lo hacía con extremo cuidado y en la mínima
velocidad, para cuidar la integridad del vehículo. Hecho que impacientaba a
los conductores que iban tras él, de manera que cuando lograban rebasarlo,
algún conductor poco comprensivo, le gritaba, ¡oye mejor bájate y cárgalo!,
El primer coche se sentía genial, y por qué no, habría que prodigarle todo el cariño y cuidado
posible.
¡Diablos! cuando
tuve mi primera hija, al igual como lo fue con mi primer coche, fue
maravilloso, de hecho, me negaba a tener más hijos, pues creía que no podría
tener más cariño para otros, de manera que, mi mujer solo atinaba a mover la
cabeza como signo y señal de desaprobación. Hasta cuando se acercaba algún
familiar, para dedicarle algún cariño a nuestra beba, le exigía, que se
desinfecte las manos, en fin.
Antes de montarme
a mi coche, yo tenía que estar bien bañado y perfumado, obviamente el carro lo
estaba, de manera que yo, no podía mantenerme al margen, pues consideraba que
lo contrario no sería digno.
Más adelante,
cuando dejas de ser un primerizo, y ya has tenido uno que otro coche, se pierde
todo el encanto y todos aquellos juiciosos cuidados que uno le profería, a lo que
uno consideraba como nuestro primer amor, se dejan todos de lado.
De manera que,
cuando veo a algún vecino por la comuna donde vivo, y veo que está en ese afán
y cuidado de proveer, toda la manicure y pedicure vehicular al suyo, me hace
recordar cuando hacía lo mismo, y me digo acaso, si debería de echarle una
manito.
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