Estoy
realizando una tarea de investigación respecto de ciertos temas a propósito de
los organismos públicos comprometidos con la gestión del cambio climático. De
manera que para aclarar mis conceptos examino sus páginas oficiales. Genial me
digo, hay una retahíla de correos profesionales de los encargados de las
diferentes áreas para realizar el contacto respectivo. Qué mejor que, una
opinión directa de los mismos encargados de tales estrategias. Así que les
envió algunos correos.
De seguro contestarán, en un tiempo prudencial, imagino, dado a su enorme e inacabable trabajo que demanda poner en práctica, esto de concientizar y enfrentar las responsabilidades de manera individual y colectiva frente al cambio climático, de hecho, estarán enfrascados en desarrollar estrategias para que todos juntos, al menos, estemos preparados para mitigar sus efectos. Por lo que, tendré que esperar un poco, pues todo aquel trabajo, para el cual fueron contratados, es sumamente arduo, difícil y a tiempo completo...
Pero
ha pasado mucho tiempo desde aquello. Y nada, ni una respuesta, ni correo, ni
nada. De manera que, ahora envió un correo al contacto exhibido en sus redes,
de algo así como, imagen institucional o algo así, y les indico en vista que no
me han respondido las personas a cargo, espero mediante su intermedio designen
a alguien, aunque sea del más humilde rango, para que responda algunas inquietudes
sobre lo que les compete... Pero tampoco nada. No hay respuesta ni afirmativa,
negativa, nada. En este punto me digo, el error es mío al tratar de distraerlos
de sus nobles y justificadas tareas, pues habiendo tantas necesidades urgentes
que atender en este país de cuantiosas deficiencias y carencias, creo que,
deben estar muy ocupados en resolver estos desafíos, en vez de responder
inquietudes inoportunas.
Así
que, revisando nuevamente en la red, me topé con una institución extranjera.
Así que sólo con la idea de probar, les envió un correo, total, nunca está demás intentarlo, pero imagino dado a mis experiencias últimas con
instituciones locales y los “profesionales” que trabajan en ellas, doy por
descontado que mis correos tendrán el mismo final que en los primeros.
Al
siguiente día, está allí la respuesta del mismísimo director de aquella
institución extranjera, que me resuelve ciertas inquietudes y me anima a
escribirle cuando quiera o tenga necesidad al respecto y, además me solicita,
hacerle llegar las conclusiones a las que arribe en mi tarea.
¡Plop! casi caigo de espaldas. Ahora caigo en la cuenta que vivimos en una realidad alterna, de seguro me digo, estos tipos e instituciones internacionales no tiene nada que hacer por allá, no tienen trabajo, y lo más seguro es que, dado a su agenda holgada y libre, pues, por qué no contestar un mentecato correo.
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