Me encuentro gestionando el
servicio de luz para mi predio, y necesito una autorización de la municipalidad
donde se ubica, para llevar dicha hoja a la concesionaria de luz. En la "muni" me
indican que, tengo que hacerlo virtualmente, porque solo laboran de esa manera
por motivo de la pandemia.
Reúno toda la documentación y la descargo en su página habilitada para tal fin. Genial y contra todos los pronósticos,
todo discurre de una manera fácil, rápida, simple y accesible. Me digo a mí mismo,
que su sistema digital debería de ser emulado por otras municipalidades de la ciudad, ¡que digo!, por todas las municipalidades del país. Es más, por todas las
municipalidades del mundo.
Al siguiente día, recibo la
noticia a través de un correo, ¡su solicitud ha sido denegada! pues entre la
documentación revisada falta la solicitud. Bueno en realidad si esta, sino que,
la quieren en otro formato. Tonto yo, no haber previsto ese pequeñísimo
detalle, y me apresuro a enmendar el error de buena gana.
Al revisar mi correo al siguiente
día: ¡su solicitud ha sido denegada! Nuevamente, ¿Y ahora qué?, me dicen que solo
falta un detalle, un cierto pago por el derecho de trámite. Y de hecho este
pago, si puede hacerse en forma presencial, pues sus oficinas están abiertas
para brindarme una mejor atención…¡Plop! Sin embargo, me dan la opción
de hacerlo virtualmente. Cuya opción la tomo y procedo a su inmediata
cancelación. Por fin digo, todo ha terminado.
¡su solicitud ha sido
denegada! Es lo primero que encuentro en la bandeja de mi correo al siguiente día. Tendría a qué haber validado voucher emitido por el banco. ¡Diablos! Como
si fuera yo un pitonizo, y que carajos significa validar el voucher, me
pregunto. Pues significa nada menos que, indicar el nombre del depositante, el día, la hora, fecha, y el origen fuente de la transferencia. Es volver a
transcribir lo que dice el bendito boucher. Acaso no lo pueden leer ellos. Y de repente
quieren hasta una declaración jurada de los orígenes impolutos de mis fondos, y tal vez de un par de testigos que den fe, que no miento.
Al siguiente día, ¡su
solicitud ha sido denegada! Ahora resulta que hay otra mesa de partes virtual
para tal fin, y solo para este fin. Luego hay que volver a la primera pero con el aval de ésta.
Por fin, después de muchas idas y
venidas, me apresto con ansias a esperar el susodicho documento.
Hasta esta altura ya dejé de contar los días transcurridos. Cuando abro la bandeja de entrada de mi correo con mano temblorosa, estalla ante vista la endemoniada frase ¡su solicitud ha sido denegada! Ahora se han percatado que, en la solicitud inicial, falta el nombre completo de su excelentísimo y supremo señor alcalde. ¡No faltaba más!. por la gran PUCHA, yo que mentecata mente pensaba que la institución trasciende al personalismo. Tal vez me pregunto en este punto, debería incluir también el nombre de su esposa, amante e hijos y de su perro y quizás de toda su parentela. Bueno no me queda de otra.
Estoy a punto de abrir mi correo, si definitivamente allí está, con letra clara y precisa y contundente ¡su solicitud ha sido denegada! Estallo, estoy apunto de destrozar mi ordenador. Pero antes lo reviso de cabo a rabo, pienso que se ha filtrado algún virus endemoniado, y que repite este mantra una y otra vez, solo para molestarme y sacarme de mis casillas. Pero no, es muy real, la frase sigue allí, incólume, hasta cierto punto soberbia, fría, caprichosa, tiene vida propia…. Creo que este ente burocrático me ha vencido.
Pasado mi arrebato, sigo leyendo
y me indica que, toda esta información tengo que descargarla en otra mesa virtual, y con sus
respectivos formatos. Nuevamente ¡diablos!, cuantas mesas virtuales tienen, me
pregunto.
En fin, trato de apresurar las
cosas, pues la empresa solicitante del documento me ha dado un mes de plazo
para conseguirlo, de lo contrario tendría que empezar desde cero. Y ya han
pasado dos semanas. Así trato de poner toda la información en los nuevos
formatos y plataformas, pero nada de nada, naca la pirinaca. Su sistema no
acepta la información, porque mi archivo es muy pesado, y no porque mi predio
sea del tamaño de un palacio, sino por la cantidad de documentos inútiles que
piden anexar. Ya no sé qué hacer, pues mi conocimiento de informática llega a
este punto. Pido la ayuda de mi esposa que es más ducha en estos menesteres, la de mis hijas que lo son aún más, pero nada. Por último, llamó mi hermano un erudito en
sistemas binarios enviándole un urgente S.O.S., el sabiamente, lo crackea, lo chanca, lo
comprime, lo vuelve a chancar y todos esos malabares cibernéticos. Ya esta listo, y cuando
estamos apunto de descargar, su sistema ya no da acceso. Son las 16 horas de la tarde
y pasada de esa hora, ya no laboran, me sugieren intentarlo mañana nuevamente. ¡Plop!
Por fin, son las ocho con 15 minutos
del día siguiente, fecha que pasará a mi historia personal como digna de conmemorar. Se refleja en mis ojos vidriosos por la supina
alegría, una frase que jamás imaginaria cuán significativa sería ¡su
solicitud ha sido aceptada! Oh
bendito sea nuestro señor. Y a continuación me indica que, tengo que esperar una
semana para recibir virtualmente el famoso documento.
En efecto, pasa la semana y allí está
en la bandeja de mi correo. Me apresuro a imprimirlo. Lo sostengo entre mis
manos temblorosas, como un trofeo digno de un luchador imponente, que ha vencido a un temerario adversario.
Leo el documento, como saboreando
letra por letra el sabor de la victoria, pero allí está un error en la numeración,
de la dirección de mi predio. Dice 251 B cuando debería de decir 261 B. Inmediatamente los llamó y les hago ver el error, me prometen que al día
siguiente lo enmendarían. En efecto nuevamente leo el documento para comprobar
la rectificación, y lo han hecho, pero ahora dice, en el nombre de la
urbanización donde se ubica mi predio es, Santa Lucía cuando en realidad debería decir, Santa Luisa. En este
punto ya nada me sorprende, y nuevamente los encaro, les explico que les he
remitido información profusa y precisa sobre la dirección de mi predio. Y les
hago ver su poco profesionalismo, y falta de rigurosidad al momento de transcribir
los textos.
Me dicen, sin empacho, ni
vergüenza que, tendrían que estudiar el caso y hacer una revisión exhaustiva
del documento, por lo que, les llevaría una semana hacer aquello. ¡Plop!
Lleno de impotencia, me repliego
en el sofá de mi sala, solo atino a escuchar la radio para relajarme... y ¡OH¡, sorpresa
el locutor anuncia, una nueva cuarentena, para el país, de efecto inmediato, y
con ella adiós a mis sueños de la luz propia.
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