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Una cuenta bancaria casi cerrada

 El misterio de los mil dólares Me dirijo a sacar las últimas moneditas que todavía permanecen hospedadas en mi cuenta bancaria, y con este último acto le estoy dando la extremaunción a esta cuentita de ahorro que me acompañó desde cuando yo era mi único y real jefe . Más ahora desfallece por inanición, pues no hay como alimentarla ya que no hay manera de conseguir empleo. Hace varios años que no logro conseguir empleo formal en lo cual fui formado e instruido académicamente, de hecho, toda la vida me dediqué a labores muy diferentes a lo que estudié, más ahora anhelando un cambio de vida y deseando ya no ser mi propio jefe, es mi deseo ahora, " ser dependiente " y llegar a fin de mes a cobrar religiosamente mi salario , sin más responsabilidades que el de ser un trabajador más . Pero al parecer todas estas expectativas mías siguen en eso, solo expectativas. Llego a un cajero automático a proceder a retirar mis últimos diez dólares , y bueno realizo la operación, y antes de...

Solo queria comer una fruta

Hoy es un buen día para comer alguna fruta, pienso, y me dirijo a algún mercado especializado para tal fin. Allí es como estar en cualquier mercado de medio oriente, todos compiten por llamar mi atención y ofrecerme sus generosas provisiones. Las hay de origen doméstico y las otras más exóticas, pero todas una mejor que la otra en cuanto a su eficiencia sanatoria o curativa de cualquier mal humano, terrenal, real o por inventarse, me asegura el vendedor.

El vendedor me observa fugazmente, y ¡zas!, en un segundo hizo un examen fenotípico exhaustivo, y anuncia su veredicto, esta fruta le hace crecer el cabello, obviamente a contemplado mis tres escuálidos pelos que me quedan aún en la testa, y me asegura que hay hechos y estudios científicamente comprobados que dan fe de ello. ¡Diablos! quien soy yo para poner en duda tales estudios, pienso. Luego también me sugiere probar aquella otra, es ideal para curar la diabetes, quizás lo deduce de mis pocas carnes y mi aspecto más flaco que lánguido.  Para la próstata es esta la indicada, dice, sin dudar intuye que, un tipo como yo entrado en años, ya la padece, y debería de probarla, afín de enmendar el desorden o evitarla en un tiempo cercano. Al mismo tiempo me sugiere probar con la fruta de color exagerado. La pigmentación se debe a la altísima concentración de licopeno, lo que la hace extremadamente antioxidante, por lo que la eterna juventud está garantizada, al consumirla. ¡Re-diablos! no lo habría podido mejor dicho, ni tampoco una eminencia científica versada en estos asuntos.

Obviamente mi madurez, mis escasas carnes, mi inexistente cabello, le hace pensar que la vejez está a la vuelta de la esquina y lo más seguro, me indica, agenciarme de tal maná, para el disfrute de una vida sana y cuasi eterna.

Llego a casa con un camión de provisiones como para un pequeño ejército. Y pensar que solo quería una fruta para saborearla en este día caluroso de verano.

Mi mujer me mira y mueve la cabeza en señal de desaprobación. Le aseguró haber encontrado el dorado, pero en las frutas.

Es la verdadera alquimia que todo mundo desde tiempos inmemoriales andaba buscando y yo la encontré en el mercado de mi barrio. Había oído hablar de ciertos vegetales que tras complejos pasos de preparación y acondicionamiento liberan sus benévolas propiedades, sin embargo, dado a su desagradable olor y sabor es difícil su aceptación. Pero la fruta es otra cosa. Si es la verdadera alquimia hecha en una fruta. Pelar y comer, bueno hasta la puedes ingerir sin dicho trance, me asegura el vendedor pues, la piel tiene propiedades gastro intestinales benéficas.

 ¡Te han tomado el pelo!  Sentencia ella. ¡Cuál, si no tengo ya alguno! retruco. Me rasco la cabeza, con la yema de los dedos, remedando al flaco, de la tira, “el gordo y el flaco”. Y me apuro a pensar en que tal vez debería volver y comprar una o dos tandas más. 

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