Capítulo: el siguiente al que enumeraste
Continuaremos con nuestro tour por nuestra ciudad soñada del siglo 21, última escena:
- Escena 4
Deseas acceder a alguna galería en un barrio muy popular donde el comercio informal y formal burbujea diariamente [entiéndase como galería, según la acepción propia de estas tierras, a tiendas departamentales de retail], pero todas las calles que dan acceso a ellas están cercadas con barras de hierro, a manera de cárceles, cuyo único objetivo de su instalación, fue [sólo en el sentido pretérito simple y perfecto de los verbos ir y ser] entonces el enrejado de las calles, fue para evitar [otro eufemismo] sí, evitar la presencia de vendedores informales en las calles. Estas rejas, no obstante, en cada esquina tienen unas mini puertas sabiamente puestas a cada lado de la acera y, una principal que ocupa la vía central que es de doble hoja, pero todas están cerradas y solo han habilitado la mitad de una hoja de ella, entonces como es propio en cualquier centro de abastos, pues reverdece de gente. Por lo que, "todo mundo" se esfuerza por salir o entrar por dicho espacio, sea para acceder o salir de algún mercado o galería de la zona perimetrada con tales rejas.
La postal parecería como toda una ciudad embutida en unas pocas calles alrededor de estas "galerías". En consecuencia, están por supuesto los
vendedores de frutas, los de verduras entremezclados con los de abarrotería
y prendas de vestir que, inteligentemente todos ellos aprovechan el mobiliario existente
que les brinda la ciudad como las mismísimas rejas, las paredes, banquetas, las bombas contra
incendios, etc., y así cualquier otro implemento urbano. Es admirable lo eficientes que
son, en lo que se refiere al uso del espacio y mobiliario que les provee la
ciudad.
Ahora, si de pronto se te antoja algún bocadillo que picar, allí encuentras puestos para tal fin, estratégicamente ubicados a izquierda y derecha. La oferta es profusa y variada en cuanto a comidas y bebidas, con innovadoras combinaciones que jamás pensabas podrían comulgar en un mismo plato, por lo que es imposible sustraerse a ello.Y los encargados de regentar estos restaurantes móviles, a acaso consideran que su ubicación resulta in conspicua, por lo que, con megáfono en mano y un poco de más de mil decibeles, se dan a conocer, y anuncian animadamente sus muy nutritivas meriendas. De hecho, si tu oído medio, anterior, o de cualquier lado logra captar aquellos "acordes", no dudo que debería de estar felíz, pues, hace "saltar" a los tímpanos, dejando un eco de un agudo pitillo por el resto de la semana o del día, si tienes suerte. Amén de los interminables cláxones de las motos, bicis, camiones buses y cualquier tipo de vehículo que tratan de abrirse paso por este mar de gentío. Parecería como si estuvieran en competencia quien hace más ruido, cuál es el más profundo, agudo, o cuál es el más sonoro. He podido descubrir que son sublimes acordes camuflados en ruidos, dispuestos para que podamos escoger y elegir con cual quedarnos.
Si
la naturaleza llama, cualquier rincón es bueno total todos los moradores de por
aquí, donde la necesidad les urge, allí lo hacen, hasta los canes que deambulan
por allí, mientras disfruto alguna delicia gastronómica que se me antojó, alguno de ellos, levanta su patita y sin más ni más, le atina a la banqueta que estoy sentado,
pues estos, restaurantes al paso tuvieron la genial idea de proveer bancas y
mesas para un mejor disfrute, allí, a la intemperie, en medio de la calle.
Otros mercachifles, gritan de cuando en cuando a voz en cuello ofreciendo sus mercaderías, y también, valiéndose
de varios recursos sonoros como, música estruendosa, golpeteo de cualquier cosa metálica, silbatazos, en fin. Y todo transcurre como si se tratara de una procesión, pero no hay santito o
imagen la cual peregrinar, si no una hecatombe de multitud que pelea por pasar
de un lado al otro de la acera y es una formidable lucha. Ya los semáforos y cualquier señalética peatonal dejaron de existir, no hay nada ni nadie que nos oriente a manera de guía, sólo queda abrirte
paso como puedas o como quieras.
A
pocos metros eficientes inspectores municipales [autoridades encargadas de salvaguardar y cautelar el ornato] están charlando amenamente, asumo, en asuntos
relacionados en cómo mejorar su trabajo o performance, cómo ser más proactivos
en lo que se refiere al orden y cuidado de la ciudad. Otros inspectores un poco más allá, están enfrascados [lo doy por hecho] haciendo coordinaciones con sus áreas respectivas
a través de sus móviles, mientras motos y mototaxis circulan en cualquier
dirección de la calle y, los cristianos de a pie, cual toreros sin ruedo tratan
de eludirlos sin pausa.
A unos metros, un desprevenido transeúnte sólo atina a gritar, como invocando un S.O.S, pero nadie le hace caso, cada quien sigue en sus quehaceres, parece ser parte de la postal citadina, diaria, común y corriente, pues nadie mueve un dedo, sólo algún curioso espectador, echa una mirada como para ver si ya termino el atraco* al transeúnte. Entre tanto, por allí cerca, muy cerca, un policía está sobornando al conductor de un espléndido, maravilloso y último modelo de carro, que oso en cruzar estos reinos, seguramente ha encontrado algún resquicio o un hueco en la ley y, le está exigiendo una colaboración** por faltar a las "reglas de tránsito de la ciudad, de la ciudad utópica del siglo 21" ...
* Robo, asalto.
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