Capitulo: el siguiente al que enumeraste
- Escena 4. Deseas
acceder a alguna galería -entiéndase como galería, en su acepción propia de estas tierras, a tiendas departamentales de retail- cercana o lejana, pero todas las calles que dan acceso a ellas están
cercadas con barras de hierro, a manera de cárceles, cuyo único objetivo de su instalación, fue -sólo en el sentido pretérito simple y perfecto de los verbos ir y ser- evitar (otro eufemismo) la presencia de vendedores informales en estos espacios, pero hay mini puertas
sabiamente puestas a cada lado de la acera y, una puerta gigantesca de doble hoja que ocupa toda la vía central, pero
resulta que todas están cerradas y solo han habilitado la mitad de una hoja de
ella, entonces todo el mundo se esfuerza por salir o entrar por dicho espacio,
para acceder o salir de algún mercado o galería.
La postal parecería como toda una ciudad embutida en unas pocas calles alrededor de estas "galerías". En consecuencia, están por supuesto los
vendedores de frutas, los de verduras entremezclado con los algunos de abarrotería
y prendas de vestir que, inteligentemente aprovechan el mobiliario existente
que les brinda la ciudad como, rejas, paredes, banquetas, bombas contra
incendios, etc., y algún otro implemento urbano, es admirable lo eficientes que
son, en lo que se refiere al uso del espacio y mobiliario que les provee la
ciudad.
Si de
pronto se te antoja algún bocadillo que picar, aquí encuentras puestos para tal
fin, estratégicamente ubicados a izquierda y derecha. La oferta es profusa y
variada en cuanto a comidas y bebidas, con innovadoras combinaciones que jamás
pensabas podrían comulgar en un mismo plato, por lo que es imposible sustraerse a
ello.
Y los encargados de regentar estos restaurantes móviles, a acaso consideran que su ubicación resulta in conspicua, por lo que, con megáfono en mano y un poco de más de mil
decibeles, se dan a conocer, y anuncian animadamente sus muy nutritivas meriendas. Y hasta tu oído medio, anterior, o de cualquier lado debe de estar felíz, pues, hace saltar a tus tímpanos, dejando un eco de un agudo pitillo por el resto de la semana o del día, si tienes suerte. Amén de los interminables cláxones de las motos, bicis, camiones
buses y cualquier tipo de vehículo que entran en competencia quien hace más
ruido, cuál es el más amigable, profundo, agudo, o cuál es el más sonoro. Y hasta
he podido descubrir que son sublimes acordes camuflados en ruidos, dispuestos para que podamos escoger y elegir con cual
quedarnos.
Si
la naturaleza llama, cualquier rincón es bueno total todos los moradores de por
aquí, donde la necesidad les urge, allí lo hacen, hasta los canes que deambulan
por allí, mientras disfruto alguna delicia gastronómica que se me antojó, alguno de ellos, levanta su patita y sin más ni más le atina a la banqueta que estoy sentado,
pues estos, restaurantes al paso tuvieron la genial idea de proveer bancas y
mesas para un mejor disfrute, allí, a la intemperie, en medio de la calle.
Otros, gritan de cuando en cuando a voz en cuello ofreciendo sus mercaderías, y también, valiéndose
de varios recursos como, música estruendosa, golpeteo de cualquier cosa silbatazos, y todo transcurre como si se tratara de una procesión, pero no hay santito o
imagen la cual peregrinar, si no una hecatombe de multitud que pelea por pasar
de un lado al otro de la acera y es una formidable lucha, no hay semáforo, ni señaléticas
peatonales ni de otro tipo que nos oriente a manera de guía, sólo queda abrirte
paso como puedas o como quieras,
A
pocos metros eficientes inspectores municipales -autoridades encargadas de salvaguardar y cautelar el ornato- están charlando amenamente, asumo, en asuntos
relacionados a cómo mejorar su trabajo o performance, de cómo ser más proactivos
en lo que se refiere al orden y cuidado de la ciudad. Otros inspectores un poco más allá,
enfrascados, lo doy por hecho, haciendo coordinaciones con sus áreas respectivas
a través de sus móviles, mientras motos y mototaxis circulan en cualquier
dirección de la calle y, los cristianos de a pie, cual toreros sin ruedo tratan
de eludirlos sin pausa.
Más
allá, un desprevenido transeúnte sólo atina a gritar, como invocando un SOS, pero nadie le hace caso,
cada uno sigue en sus quehaceres, parece ser parte de la postal
citadina, diaria, común y corriente, pues nadie mueve un dedo, sólo algún curioso espectador, echa una
mirada como para ver si ya termino el atraco* al transeúnte. Entre tanto, unos metros más allá, un
policía está sobornando al conductor de un espléndido, maravilloso y último
modelo de carro, que oso en cruzar estos reinos, seguramente ha encontrado algún
resquicio o un hueco en la ley y, le exige una colaboración** por faltar a las a la
reglas de tránsito de la ciudad.
* Robo, asalto.
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