Ya está lista la logística, el lugar no
podría ser mejor, y mi disposición es plena. Móvil de última generación en mano,
auriculares en su lugar, un parque genial y tranquilo escrupulosamente bien cuidado,
me arremolino en alguna de sus bancas que para mi gusto siempre están casi todo
el tiempo vacías.
Busco la APP apropiada para entrar en
contemplación. Doy gracias al cielo que hoy en día la industria del bienestar digital -start up- está en auge. Ya no necesitamos personas de carne y hueso para estos fines, pues
tenemos a nuestra disposición entrenadores digitales.
En esta tarde cálida de verano, los suaves,
sutiles y maravillosos sonidos que muy sabiamente algún algoritmo a mezclado para
la satisfacción de mi espíritu, me desconectan del monumental ruido citadino,
y me guían a un oasis calmo de tranquilidad, que da la paz sosegada de una
postal, de un bosque otoñal, una selva virgen, una estepa solitaria. Solo con un
clic y escogerás dicha postal binaria donde podrás regodearte de serenidad.
Son unos verdaderos chefs de la informática, que han dibujado todos los ecos y sonidos y que hoy la APP sabiamente logra aderezar y cocinar para el deleite de mis sentidos.
Empezando con el suave murmullo de un arroyo, como si éste discurriera cerca mío, pero no hay tal, pues solo hay una banca, es la única que me acompaña. Suena el viento propio de una tarde otoñal sin embargo no es necesario más abrigo del que llevas puesto, pues es sólo el sonido y la mezcla de éstos y otros para despertar y sosegar mis sentidos. Luego un sonido aún lejano de una bandada de estorninos que se avecinan, es inconfundible por el piar que va en un ir crescendo, que se hace más cercano y más fuerte, sin llegar a ser apabullante, solo es parte de un paisaje acústico imaginario. Ahora disfruto, intuitivamente, de los arpegios suaves del viento que se desprenden al mecer las ramas de frondosos árboles por los que discurre, y es una hermosa estela sonora interpretada por ramas y hojas, en un verdadero concierto de briosos sonidos, captados por esta ingeniosa APP. Es como si los árboles tuvieran alas y quisieran levantar vuelo y acompañar a estas espléndidas aves en su migración estacional.
La vida es muy buena y maravillosa, me digo
a mí mismo, y estos fascinantes artilugios digitales la hacen mejor, me imagino todo
aquello y sigo manteniendo cerrados los ojos para un mayor deleite, y es como
si de verdad sintiera la presencia de otros humanos alado mío como si quisieran
que les convidara un poco de este deleite personal binario, y no quiero abrir
los ojos pues lo siento tan real, que me da pena romper el encanto si acaso osara
en abrir mis ojos.
Ahora hay silencio, un poco más de este, se hace más y más extenso, me pregunto, será parte de la magia de este algoritmo. Cuando ya no percibo nada de nada, es cuando poco a poco abro mis ojos y para mi gran sorpresa, como por arte de magia, mi celu, mis audífonos y con ellas mis gloriosas APPS digitales, se esfumaron, como si los estorninos imaginarios se los hubiesen llevado consigo, …pero sé que no fueron aquellos.
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