Al
parecer, todo nuestro quehacer nos genera estrés y tiraniza nuestra actividad rutinaria,
día con día la hace insoportable. Ambicionamos, anhelamos, queremos un cambio,
algo más benéfico para ellas, y cuando hacemos el tránsito, de un lado al otro,
al parecer en el camino, nos escoltan todas ellas con sus variantes.
Circulando
en la juventud, la crisis se la imputa precisamente a ella, donde la rebeldía hace de las suyas. Es decir, estos arrebatos vivenciales están en relación al periodo de vida por el
cual se está atravesando, a si tenemos entre otras cosas, la crisis de los 30 ’s, 40 ’s,
de los 50 ’s. Al parecer, esto de las crisis existenciales, es de nunca acabar y
llegaron para nunca irse, pues sea por lo que estemos pasando o haciendo, y en
cualquier etapa de la existencia, siempre habrá una crisis que superar y sobrellevar,
como sucesiones permanentes e interminables.
Antes
de pandemia las exigencias, entre otras cosas citamos, el demasiado tiempo
que estábamos fuera de casa, por las largas y extenuantes jornadas de trabajo, se
exigía planes ideales para hacer más pleno el trabajo, y a la vez no descuidar
la familia, pues había poco tiempo para disfrutar más de ésta. Las terapias ocupacionales
nos aconsejaban disfrutar del esmirriado tiempo de calidad familiar en vez de
cuantificar.
Con la pandemia, y de estar obligados a permanecer la mayor parte del tiempo bajo
techo familiar, el estrés se mudó a ella. Se exigía el retorno al trabajo
rutinario ya mismo, ya que no soportamos estar un minuto más al lado de la familia. Y aquello de nuestra antigua y
vieja rutina, a la que denostamos, renegamos y despotricamos ayer, hoy
nos parece lo más saludable.
Al
parecer la convivencia familiar y sus conflictos, hace que ésta sea difícil, y apetecemos
y extrañamos a morir nuestra vieja oficina, nuestro extendido horario, hasta
nuestro insoportable jefe, se hace más apreciable y querido. Las reu, los amiguis,
las juergas y en fin, todo lo queremos de vuelta, aun cuando estoy seguro que, al
siguiente día, al alba de estar de nuevo en la rutina, ya estaremos añorando por
otra pandemia, y de estar encerrados, de vuelta en casa.
Y es que al parecer la inconformidad es permanente e indisoluble en nuestra vida. Cohabitan con nosotros y se manifiesta a lo largo de nuestra vida, amén de las circunstancias, por lo que llego a colegir que estas son la vida misma.
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