Pasaba
diariamente a eso de las ocho a.m., cerca de dos instituciones públicas, un banco
estatal y un ministerio de esos cuyo nombre pomposo, alude a un noble propósito
para el cual fue creado, pero que, sin embargo, sólo es figurativo, pues no hay
semana, mes y año que no haya algún ciudadano, o suma de estos, exigiendo en
sus puertas, rogando y hasta implorando se les proporcione algunos de los servicios básicos, que se supone debe garantizar, proveer, prestar, o al menos
alquilar, en fin.
Pero
lo que me llamaba siempre la atención, es que había un muchacho, que al parecer
no llegaba a los veinte años y cuyo trabajo era prestar ayuda y orientar a los
usuarios del banco, por lo que, su tarea estaba circunscrita a los
alrededores de las puertas de esta institución bancaria.
A las ocho a.m., diariamente, sus vecinos de a lado, es decir el ministerio en
cuestión, sabiamente enrejado en todo su perímetro, no sé, si para evitar que
los “amigos de lo ajeno” se colen a éste, pero en realidad creo que es todo lo
contrario, bueno pero el hecho es que, los funcionarios de esta institución
siempre izaban la bandera a esa hora, y la verdad es que este hecho hubiese
pasado desapercibido o inadvertido, pues cuando se produce estos ritos en
cualquier institución pública o privada, es sólo una tarea más. De hecho, esta labor no tiene nada de santa, sagrada, ni menos aún un ápice de patriotismo, o algo más o menos parecido, más bien se la realiza
entre chascarrillos y cometarios de cualquier tipo, por parte de los encargados
de este procedimiento.
Viene
a mi mente, las imágenes de la "tv extranjera", en la que muestran a civiles y militares
cuando ven izar sus banderas, de sus respectivos países, pues hay algo de
drama y fervor patriótico, al cual hay que prestar la correspondiente atención mientras ocurre tal evento, pero nunca lo había visto en
estas tierras, hasta ver a este humilde muchacho haciendo algo parecido.
Este singular sujeto, ni bien se percataba que la bandera nacional comenzaban a ser izada, -por sus vecinos del banco- él se acercaba a la reja contigua que funge de límite entre el ministerio y el banco, sacaba su móvil y buscaba la música de la “marcha de la bandera”, y muy emocionado él, veía como esta era izada hasta llegar al límite del extremo superior, y alli la bicolor erguida orgullosa, empezaba a flamear al compás de aquellos privados acordes, arpegios que también se filtraba hasta mi oído observador, y ya en lo alto, el muchacho procedía se devolverse a sus labores regulares.
Creo que este acto de patriotismo nunca lo había visto en un civil alguno, ni en estos tipos que se encargan de izar o arriar banderas diariamente de cualquier institución pública. Al menos no en su sano juicio, pues esto de saludar a la bandera, tanto en los militares y más aún por los civiles, es considerado un rito en extinción, como lo es también nuestro patriotismo, y que sólo "sacamos en cara", cuando hay algún tipo de elección vecinal o general, y solo con el noble objetivo de y para denigrar al adversario. O cuando hay cierto evento deportivo, como los partiditos de balón pie, de esos patéticos que hay de vez en cuando, y también con ese mismo y sublime fin, denigrar, ofender, en fin.
"Un saludo a la bandera" Es una frase muy usada frecuentemente por estas tierras, y hasta ajada está por tanto usarla, y que significa en cualquier contexto, que aquello es inútil e
innecesario.
De
manera que, tal vez estas nuevas camadas de jóvenes, recuperen la cordura
patriótica perdida por todos en general, y para la próxima vez, que vea una
banderita izándose, me detendré un rato a mirarla, tal vez como agradecimiento
de ser un residente de estas tierras.
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