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Redactando una tesis doctoral bajo un esquema satírico

... Ante la evidente imposibilidad de lograr que cualquier texto sobre ciencias duras o blandas y, otras materias relacionadas con la academia formal, llegue a la mayoría de la gente, para que de algún modo todo este conocimiento generado no se pierda en el olvido y cumplan con algún otro objetivo, aparte del muy noble que se los concibió, como apolillarse en los anaqueles de las bibliotecas de las universidades, de los institutos y en fin, de cualquier otra institución académica. Entonces, es hora de repensar en nuevos formatos para dar paso a una eficiente y vasta divulgación. Cualquier documento científico o formal, en general, sigue ciertas pautas básicas y estrictas basado en la formalidad y rigor, en consecuencia, también la redacción y su formato de presentación  responde a dichos parámetros. Se trata entonces, de buscar un vehículo más amigable para utilizarlo como contenedor, y este contenedor que recoge el conocimiento, tiene que romper con los viejos esquemas, para o...

La App que falta

A nuestros vehículos

Solo ayer los vehículos disponían de dos o tres indicadores, que nos informaban sobre el millaje o kilometraje por hora, los niveles de combustible, y alguno que otro indicador sobre la carga de las baterías y los fluidos, más nada.

Creo que hoy, hay demasiados aparatos, dispositivos, indicadores, apps, en fin; innumerables botoncitos, y por medio de los cuales, nos informa de todo lo que sucede en el mundo exterior, y así como lo que ocurre al interior de este pequeño espacio privado que es nuestro vehículo.

Hay demasiada información de uno u otro dispositivo, de hecho, puede suceder que, jamás sepamos para qué sirven tales o cuales botones por lo incontables que están por todo el vehículo.

A través de ellos inmediatamente sabemos, si la presión de cierto fluido o gas es el adecuado. Nos indican la ruta y el camino del objetivo elegido y en este journey nos acompañan en todo momento con nuestros hits favoritos. Nos recuerdan la temperatura exterior reinante, y climatizan nuestro privativo ambiente para un mejor disfrute. Se preocupan por informarnos sobre alguna estación cercana donde abastecer si acaso el indicador de combustible ha percibido que los niveles de este están llegando a ser críticos, en fin. Todo lo que puedas imaginar está al alcance de nuestra mano.

Sin embargo, pese a todas estas características que se suponen hacen de la conducción una experiencia relajante, fresca y hasta divertida, al menos en los conductores de estas tierras, al parecer ha tenido un efecto contrario, pues ni bien se sientan al volante, el estrés y el escaso sentido común se apoderan de todos nosotros. Y digo nosotros porque soy el rey del, tira la piedra y esconde la mano o, mejor dicho, lanzo mil improperios y me las pico*.

De manera que, tal vez debería de implementarse una app, a manera de un aparatito dispuesto en la parte superior del techo, precisamente donde se ubica el conductor, de manera que, al detectar cualquier infracción que, cometa este, falte o se salte las reglas de conducción, ignore las señaléticas, mezquine un elemental respeto por otros conductores, y mejor aún por los transeúntes, en fin, esta app inmediatamente en la fracción de un milisegundo, se active automáticamente.

Y producto de esta activación resulte en algo así como, una soberana bofetada, pero de esas que te dejan el cachete más rojo que la señal del semáforo que se ignoró, como para que la próxima vez que se incurra en alguna falta de las expuestas, u otras por implementar, ni siquiera estaremos tentados en soslayar.

Es más, sugiero amablemente que dicha acción física correspondería de ir acompañada de otra acción acústica, como la entonación de algunos estribillos, seleccionados con lo mejor del repertorio acuñados por el mismo piloto, y que le hagan recordar al impenitente conductor de donde vino y adonde ira. Al menos literal y metafóricamente, tan igual como los que grita, re jura y perjura a diestra y siniestra, el mismo que está al volante.

De esta manera, tendremos algo así como:

-            Al no usar las luces direccionales para cambiar de dirección, se activaría la app, y esta desencadenaría dos acciones, una, liberando un señor sopapo, y dos, se acompañaría de un audio cuyo estribillo para este caso diría: ¡Hijo de tu Pink floyd, realiza la señal respectiva!

-          Te pasaste la luz roja, y después de un doble cacheta“don”, porque hay que ser muy punitivos con estos temerarios conductores, le vendría muy bien a renglón seguido un lindo improperio como: ¡Hijo de p… Qué caraj…  crees que haces!.

-          O cuando no respeta a los transeúntes, por ocupar los cruceros peatones.  Ya puesto en vereda con su bofetón respectivo, le correspondería: ¡Óyeme recon… respeta a tu prójimo!

-          Y una más, cuando arroja basura por la ventana del carro. No lo tengo muy claro si los epítetos deberían de lanzarse a la par del sopapo, o inmediatamente después de este, bueno habría que someterlo a votación, claro como correspondería a toda “civilización” democrática, pero, en cualquier caso, el audio responsorial para este particular caso sugiero: “La calle no es tu basurero, métetela por el…”

Creo que es tiempo de encarar la pésima conducción con esta obligatoria y genial app. Y doy por hecho que, si esta se impondría en todo vehículo, seriamos la nación modelo en excelencia y responsable conducción, o mejor aún seríamos la primera nación sin coches en la calle.

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