Las costumbres se plasman en hábitos, pero no necesariamente sucede al revés. Ya que estos últimos tienen que ver con cada individuo. Hay una sana, saludable y santa costumbre [en estas tierras] por supuesto como corresponde a toda sociedad consciente, responsable y democrática, y es la de reportar un escaso respeto de cualquier conductor sobre los peatones. De hecho [para este caso particular] se produce una una especie de juego de roles [sucede que] cuando los peatones, están en modo de conductores, también adoptan esta rutina. Pareciera que, al abordar nuestros vehículos particulares, estos tuvieran una especie de atmósfera, que inmediatamente tras ubicarnos al volante, misteriosamente nos transforma en adorables patanes al volante.
No obstante [cuando voy en mi coche] trato de no perder ciertos hábitos socialmente inaceptables como respetar la mayoría de las reglas y, actuar con un mínimo sentido común, en relación a las buenas prácticas de una conducción responsable, respetuosa sobre todo con los peatones.
De manera que,
cuando veo a ciertos peatones [que se hallan] en espera tratando de cruzar alguna intersección de la ciudad,
detengo la marcha y estaciono a una distancia prudente, les hago la indicación
con la mano como signo y señal de cederles el derecho de paso. Algunos pocos transeúntes [medio confundidos] agradecen
con cierto gesto de beneplácito mi actitud, pero la mayoría de ellos no entienden mi acción. Me miran, dudan [...] siguen parados esperando que yo acelere sobre mi marcha y pase inmediatamente. No obstante, trato de
tocarles el claxon de una manera amigable, tratando de no sonar impaciente, de
manera que cuando me miran parecen recelosos. Tal vez, si acaso debería de bajar
del vehículo e invitarlos a cruzar la calzada, e iterarles que todo
va estar bien y que tienen el derecho a pasar con seguridad, sin prisa y con
confianza. De hecho, no sería mala idea, pero dado a la imprudencia e impaciencia
de los conductores que me preceden sería una acción poco viable.
Lo cierto es que está
muy normado que, cada peatón tiene la obligación y deber de esperar y, después de realizar un escrupuloso avistamiento en su campo panorámico [confirme que no hay coches a la vista] recien y solo allí está en condición de realizar la maniobra de cruzar cualquier calzada. Y esta maniobra, [cual movimiento táctico militar] tiene que ser rápida y veloz, pues no vaya a
ser por esas cosas del azar que, también por estas tierras es lo usual y, de la
nada aparezca de súbito algún endemoniado conductor mientras están procediendo
a tal ejercicio y, sin que le importe un bledo, te animan cordialmente, con epítetos de todo calibre, a no cruzarse en su camino, al mismo tiempo que no dejan de sonar animosa y cariñosamente sus nobles bocinas.
Por lo que, mejor debería contemplar la operación de atravesar mi vehículo en toda la calle [a manera de barrera] para mantener a salvo a cualquier peatón mientras lo invito a cruzarla. De esta manera, los transeúntes puedan cruzar de un lado al otro de la calle, sin la precaución que aparezca algún impenitente conductor y [también como corresponde a estas tierras] nos ponga a todos los que participamos de esta escena, en nuestro sitio. Pero creo que sería ilegal ejecutar tal práctica, en consecuencia, solo porfiaré con mi hábito personal de hacerles el santo y seña de cederles el paso, pese al concierto de bocinas que acompañan mi individual costumbre.
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