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Con cuál me quedo

Ofrenda y holocausto al gran señor nuestro router

El enrutador o router de la casa está ubicado en el segundo piso de nuestro hogar y cuya ubicación, pues, responde al argumento de hacerle la vida más fácil a este aparato digital. Con el altruista ánimo de ayudar para que en verdad cumpla a cabalidad su función de encaminar, optimizar eficazmente los diferentes aparatos informáticos que tenemos en casa, con la red de redes. Este aparato resulta ser, algo así como, un eficiente policía de tránsito que orienta a los diferentes conductores por donde tienen que ir, para que se genere una buena fluidez, de esta manera, la señal es perfecta en toda la casa, o bien eso creía yo.

Últimamente la señal de la internet en casa es inestable, de pronto estás navegando por la red y ¡zas! la señal de súbito se interrumpe, como si encallara en algún banco de oscuridad y vacío, pues lo único que muestra la interfaz del ordenador es una página en blanco con ciertos mensajes que, al parecer estos gestores digitales, que administran tales sistemas, le parecerá gracioso, pues detectado el problema surge la referencia: “ No está conectado la web no es lo mismo sin usted

Cómo saborearía retrucarles, ¡por supuesto que la red no es la misma sin mí! pero lamento no poder hacerles llegar mi dúplica. Más no por falta de intención, si no por la falta de un menú contextual donde plasmar y descargar mis emociones. En consecuencia, sólo atino a salir sobresaltado y, gritando a los cuatro vientos, ¡no hay internet, no hay internet!

Es como un llamado o señal de alerta ante un desastre en ciernes, y ante el cual todos los miembros de la comunidad del hogar, salen presurosos de sus habitaciones como si en verdad se tratase de un movimiento sísmico.

Y uno a uno va diciendo, ¡qué pasó!, ¡no tengo red!, ¡no hay internet!, ¡se fue la internet! Y todos unidos como miembros plenos de alguna feligresía nos congregamos alrededor del router, como para rendirle alguna ceremonia o tributo ante tal evento cataclismico, hasta nuestro gato, que ha hecho de este dispositivo su madriguera, atina a lanzar algunos maullidos, no sé realmente si se trata de una señal de comunión aprobatoria que, también él se suma a nuestro ritual de ofrenda y holocausto, ante tal aparatito, o sólo para decir que, no es para tanto tanta alharaca.

De hecho, este aparato digital, que hace posible la conexión de todos nuestros sistemas particulares con la webiña del señor, es uno de los pocos elementos que logra congregar a todos los miembros del hogar, en un solo lugar al mismo tiempo.

En consecuencia, cuando le llegue el tiempo de su jubilación, le construiré un lugar especial en la casa donde acabe su retiro sabático, como reconocimiento a sus enormes, grandes servicios prestados y, sobre todo, en agradecimiento de ser un elemento de comunión familiar.

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