Esa es la cuestión
La verdad todas estas cuestiones o regímenes que tienen que ver con mantenerse esbelto, en espíritu y sobretodo físicamente, siempre han estado fuera de mis dominios. De hecho, cuando era aún crio en el hogar materno todos estos temas eran totalmente exóticos, y creo sin dudarlo toda nuestra generación creció y maduró sin estos mandamientos modernos.
Hoy, al mirar cierto papelito pegado en el refrigerador del hogar, me
llama la atención lo que está grabado en él. Al parecer se trata de
indicaciones para una buena y noble nutrición, y está refrendada, firmada,
apostillada y sellada por un especialista ducho en nutrición. Se trata de
todo un syllabus nutritivo que se debe de llevar a cabo de
lunes a domingo.
En casa mis menores hijas, que ya son todas unas señoritas, y como
corresponde a esta etapa de su vida, pues al parecer después del
primer mandamiento de estos modernos tiempos, que tienen que seguir
y acatar esto de las redes sociales; está esto o aquello de ser
fitness, o al revés.
La verdad no tengo idea de lo que significa esta palabra, lo único que
puedo deducir basado en mi observación a esa hojita o “post it” que está albergada en la puerta del refri de la cocina, es que se trata
de algo sobre nutrición o algo así.
Leo lo que dice:
Desayuno:
- Una taza (y solo una) de jugo de papaya, piña, o melón sin azúcar, sin estevia o edulcorantes, más un pan con queso fresco sin sal, palta o aceituna.
Media mañana:
- Opcional una manzana o pera.
Almuerzo:
- Lunes: una taza de vainitas/zanahoria/betarragas cocidas.
- Martes: una taza de brócoli cocido y pimientos en gajos, holantao.
- Miércoles: una taza de pulpa de alcachofas/espárragos /sukini al vapor.
- Jueves: una taza de tomate/palta/espinaca fresca.
- Viernes: una taza de apio/caigua/pimiento crudo picado.
- Sábado: una taza de zanahoria/rabanito/col rayados.
- Domingo: libre, pero evitar frituras, bebidas azucaradas, embutidos, panes
Cena
- Repetir lo del almuerzo
¡Diablos! No sé cómo se puede vivir un mes, semana alguna, o tan solo un
día a punta de una tacita de hierbitas o verduras. No, no hay manera de
que mi régimen alimentario se ajuste a estos esquemas.
En el hogar materno cuando era un crio, esta tacita de verduras era en
verdad reemplazada por todo un supremo bowl, y estas verduritas alojadas
allí previamente habían tenido que haber sido sometidas a juiciosos
bautizos, como corresponde, con todos sus aliños respectivos, por
consiguiente, el salpimentado tenía que estar amenizado con el juguito de
no menos de tres o cuatro soberbios limoncitos bien ácidos.
Y todo esto, sólo era el complemento para el plato de fondo, o como se
llamaba en aquellos días, “el segundo plato”, pues el primer plato
ya había sido previamente despachado y deglutido y al cual se llamaba
“sopa”.
Estoy segurísimo que en mis tiempos juveniles no se inventaba aún esto
del veganismo o vegetarianismo, pues en casa como incumbía a aquellos
tiempos, éramos omnívoros puros y duros que no reparaban en la buena
bondad de un buen trozo de chancho o lechón, que necesariamente tenía que
estar acompañada de su respectiva grasa, pues este tejido adiposo era lo
que le daba el sabor y toque celestial a esta gloriosa carne. De manera
que aquello que los alimentos deberían de ser kosher, o tener una
procedencia más o menos pura o impura, pues eran consideraciones
irrelevantes.
Es más, nuestros desayunos parecían un mini almuerzo. Por lo que estos
necesariamente se acompañaban de su respectiva sopa o caldo, según la
estación del año, en consecuencia, una sopita de cabeza de carnero
Merino, era frecuente de enero a abril, y el ganadito lanar usado
para la fabricación de dicho alimento, tenía que corresponder a ese
pedigrí, pues al parecer aquello le suministraba el sello que dicho caldo
debería ser gloriosamente, brutal. El resto del año, se
acostumbraba tomar una sopa de color verde, o en su defecto, cierto
caldillo de huevos y, la coloración de esta liquida delicia respondía a un
tono rojizo o algo así. Por supuesto, todas estas sopitas invariablemente
tenían que estar acompañadas de su café con sus correspondientes 4 o 5
panes, claro todo ello cuando uno estaba inapetente, caso contrario,
también se agregaba a este "frugal" desayuno de un “calentado”. Que
consistía en también adjuntar a lo ya señalado, las sobras del almuerzo
del día anterior.
La verdad nunca he tenido problemas de sobrepeso o algo parecido, de
hecho, en casa materna por aquellos tiempos estas cuestiones de dietas
alimentarias, gimnasios personalizados, mantenerse cool, en fin,
pues todos estos asuntos respondian a una flora y fauna aún no catalogada
para nuestra comunidad.
Más bien ahora que ya soy maduro, tengo ciertos reparos sobre ciertos tipos de bebidas y alimentos que no permito que ingresen a mi repertorio culinario, más no por cuestiones de salud, o algo parecido, sino solo por el gusto y gana de hacerlo, nada más. Pero esto de una tacita y de solo una sola tacita diaria de hierbas o verduras, no, no hay manera cómo pueda sobrevivir un día siquiera con dicho régimen. Simplemente no lo hay.
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