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Honor y gloria a los craqueos

¡Obtenga software auténtico! Es el anuncio a manera de cintillo emergente que aparece en  la pantalla de mi PC, cada vez que doy inicio a cualquier aplicación de la suite ofimática, en cuyo fondo del color amarillo ocre, resalta ese texto. Esta advertencia se aloja en la parte superior o en el encabezado de la ventana gráfica, en específico, debajo de los cintillos de opciones de las aplicaciones, y se extiende de extremo a extremo. O aquel otro, que se planta en pleno centro de la pantalla invadiendo toda esta, y en ambos casos, me exhorta a obtener alguna licencia para su uso. Y pues como debe ser y también como corresponde, pincho en la pestaña de enviar al tacho a todas estas advertencias, no obstante, sé que nuevamente estarán allí día tras día hasta que proceda a ser un muy noble y juicioso craqueo de estos programitas. ¡ Honor y gloria al buen crakeo ético ! ¡Ah!, pero no hay manera de el...

Fitness, ser o no ser

Esa es la cuestión

La verdad todas estas cuestiones o regímenes que tienen que ver con mantenerse esbelto, en espíritu y sobretodo físicamente, siempre han estado fuera de mis dominios. De hecho, cuando era aún crio en el hogar materno todos estos temas eran totalmente exóticos, y creo sin dudarlo toda nuestra generación creció y maduró sin estos mandamientos modernos.

Hoy, al mirar cierto papelito pegado en el refrigerador del hogar, me llama la atención lo que está grabado en él. Al parecer se trata de indicaciones para una buena y noble nutrición, y está refrendada, firmada, apostillada y sellada por un especialista ducho en nutrición. Se trata de todo un syllabus nutritivo que se debe de llevar a cabo de lunes a domingo.

En casa mis menores hijas, que ya son todas unas señoritas, y como corresponde a esta etapa de su vida, pues al parecer después del primer mandamiento de estos modernos tiempos, que tienen que seguir y acatar esto de las redes sociales; está esto o aquello de ser fitness, o al revés.

La verdad no tengo idea de lo que significa esta palabra, lo único que puedo deducir basado en mi observación a esa hojita o “post it” que está albergada en la puerta del refri de la cocina, es que se trata de algo sobre nutrición o algo así.

Leo lo que dice:

Desayuno

  • Una taza (y solo una) de jugo de papaya, piña, o melón sin azúcar, sin estevia o edulcorantes, más un pan con queso fresco sin sal, palta o aceituna.

Media mañana: 

  • Opcional una manzana o pera.

Almuerzo:

  • Lunes: una taza de vainitas/zanahoria/betarragas cocidas.
  • Martes: una taza de brócoli cocido y pimientos en gajos, holantao.
  • Miércoles: una taza de pulpa de alcachofas/espárragos /sukini al vapor.
  • Jueves: una taza de tomate/palta/espinaca fresca.
  • Viernes: una taza de apio/caigua/pimiento crudo picado.
  • Sábado: una taza de zanahoria/rabanito/col rayados.
  • Domingo: libre, pero evitar frituras, bebidas azucaradas, embutidos, panes

Cena 

  • Repetir lo del almuerzo

¡Diablos! No sé cómo se puede vivir un mes, semana alguna, o tan solo un día a punta de una tacita de hierbitas o verduras. No, no hay manera de que mi régimen alimentario se ajuste a estos esquemas.

En el hogar materno cuando era un crio, esta tacita de verduras era en verdad reemplazada por todo un supremo bowl, y estas verduritas alojadas allí previamente habían tenido que haber sido sometidas a juiciosos bautizos, como corresponde, con todos sus aliños respectivos, por consiguiente, el salpimentado tenía que estar amenizado con el juguito de no menos de tres o cuatro soberbios limoncitos bien ácidos.

Y todo esto, sólo era el complemento para el plato de fondo, o como se llamaba en aquellos días, “el segundo plato”, pues el primer plato ya había sido previamente despachado y deglutido y al cual se llamaba “sopa”.

Estoy segurísimo que en mis tiempos juveniles no se inventaba aún esto del veganismo o vegetarianismo, pues en casa como incumbía a aquellos tiempos, éramos omnívoros puros y duros que no reparaban en la buena bondad de un buen trozo de chancho o lechón, que necesariamente tenía que estar acompañada de su respectiva grasa, pues este tejido adiposo era lo que le daba el sabor y toque celestial a esta gloriosa carne. De manera que aquello que los alimentos deberían de ser kosher, o tener una procedencia más o menos pura o impura, pues eran consideraciones irrelevantes.

Es más, nuestros desayunos parecían un mini almuerzo. Por lo que estos necesariamente se acompañaban de su respectiva sopa o caldo, según la estación del año, en consecuencia, una sopita de cabeza de carnero Merino, era frecuente de enero a abril, y el ganadito lanar usado para la fabricación de dicho alimento, tenía que corresponder a ese pedigrí, pues al parecer aquello le suministraba el sello que dicho caldo debería ser gloriosamente, brutal. El resto del año, se acostumbraba tomar una sopa de color verde, o en su defecto, cierto caldillo de huevos y, la coloración de esta liquida delicia respondía a un tono rojizo o algo así. Por supuesto, todas estas sopitas invariablemente tenían que estar acompañadas de su café con sus correspondientes 4 o 5 panes, claro todo ello cuando uno estaba inapetente, caso contrario, también se agregaba a este "frugal" desayuno de un “calentado”. Que consistía en también adjuntar a lo ya señalado, las sobras del almuerzo del día anterior.

La verdad nunca he tenido problemas de sobrepeso o algo parecido, de hecho, en casa materna por aquellos tiempos estas cuestiones de dietas alimentarias, gimnasios personalizados, mantenerse cool, en fin, pues todos estos asuntos respondian a una flora y fauna aún no catalogada para nuestra comunidad.

Más bien ahora que ya soy maduro, tengo ciertos reparos sobre ciertos tipos de bebidas y alimentos que no permito que ingresen a mi repertorio culinario, más no por cuestiones de salud, o algo parecido, sino solo por el gusto y gana de hacerlo, nada más. Pero esto de una tacita y de solo una sola tacita diaria de hierbas o verduras, no, no hay manera cómo pueda sobrevivir un día siquiera con dicho régimen. Simplemente no lo hay. 

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