Bueno, no es parte de un programa que esté llevando ajustado a una dieta específica, tampoco es la respuesta a una recomendación de algún especialista ducho en los quehaceres de "vida y salud", o de cualquier otra persona. En absoluto, más bien es parte de una manía, y que con el tiempo se ha transformado en un rito perenne y diario, que está más alejado a cualquier idea de sano, santo y saludable.
Y es que lo inicié hace ya algunos años, más bien, por gusto y gana de hacerlo, qué movido por otro formato más sublime, o noble que, el de las buenas prácticas nutritivas para mantenerse igualmente equiparado al concepto de modelo ideal: fuerte, sano, y robusto o algo parecido.
A primera hora, después de levantarme y antes de todo, tengo que beber un vaso de agua fría o tibia, pero con un limón ácido bien exprimido. Mi mujer me dice que no debo hacer aquello porque podría tener problemas de gastritis, dado a la acidez del limón, pero yo hago caso omiso a dicho argumento, y prosigo con este rito diario.
Y es que de tanto en cuando se me revelan epifanías. ¡Diablos! A otros seres predestinados se les revela, o tienen iluminaciones en forma más o menos divina, mística o filosofal, que cambian sus vidas y hasta trascienden ellas. Las mías, por el contrario, no aspiran a tanto y son más prácticas y un tanto caprichosas, creo que no persiguen un fin tan elevado o sublime, o al menos útil, sólo tiene la pretensión de perseguir la inutilidad de hacer o dejar de hacer algo, y que indefectiblemente no cambiará mi vida para mejor o peor. No, sólo es un pequeño capricho, tal vez inocuo e irrelevante, pero, al cual estoy obligado a obedecer como una bula expresa, o peor aún hasta que otra iluminación me releve de dicho convenio o alianza, y creo sin duda, será otra tanto o más inútil que la anterior.
Comentarios