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Y otras buenas, nobles y desinteresadas ofertas Trato de evitar tropezar o caer por cualquier dominio digital que me invitan a ciertos cursos, entrenamientos o certificaciones, y que prometen, juran y re-juran que estos serán gratuitos . En nuestro pasado inmediato, antes del auge de las plataformas digitales, había que prestar mucha atención a la "letra chiquita" que venía adjunta en cualquier formato impreso, que prometían tal o cual cosa, al igual como ahora, esos duchos timadores te hacían pensar que aquello, en donde ponías tu firma, conseguías una genial oferta, sin leer pormenorizadamente el detalle draconiano escrito en formato ridículamente pequeño y sumamente frondoso, adjunto por algún lado del documento, por lo que, nadie atinaba a leer aquello. Más cuando lo que imaginabas como una ganga o una oportunidad única. Al final, lo recibido no se ajustaba a la "eficiente propaganda promocional", porsupestos, no había lugar a reclamo, pues simplemente te hací...

Un Ultra y super Smart móvil

Para un tipo escasamente smart como yo

Muy a menudo cuando estoy manteniendo alguna comunicación escrita a través de ciertos chats, de aquellos que vienen integrados en cualquier aplicación de los móviles y cuya jerarquía están en los llamados, super inteligentes, Smart, o ultra y, requeté Smart, u otro de este tipo, pues a menudo me meto en situaciones graciosas o incómodas.

Primero, dado a que soy un tipo poco inteligente, [pues] trato de escribir juiciosamente el texto que deseo comunicar, en especial cuando lo hago a través de estas plataformas, en consecuencia, trato de evitar o no cometer faltas de sintaxis o de ortografía. No obstante, cometida la falta, me doy cuenta de ella cuando ya el texto fue despachado.

De otro lado, estos geniales y ultra inteligentes teléfonos están dotados de un algoritmo autocopiativo, de manera que, antes de terminar de digitar toda la palabra, estos ya te la van rellenando automáticamente, lo cual me parece genial, pues es como si adivinaran lo que en verdad estás pensando, y se adelanta y te genera tal texto.

No obstante, por la premura e impaciencia, que también es como una constante y que sin duda me define como tal, pues no pocas veces envìo el texto inmediatamente, y cuando atino a verificarlo, éste está con crasos errores y, este inteligente móvil sin dudarlo, no hace nada para sugerirme o enviarme cierta señal de alerta que algo no anda bien. Creo que es una venganza en represalia ante mi poco afecto de mi parte hacia estos aparatitos super Smart, ya que inmediatamente y una vez digitado aquello que contiene el yerro, lo transmiten sin omitir nada, tal cual lo escribí. En este punto, me digo, o tal vez se trate, muy pero muy en el fondo, que me quieren dar una lección y enseñanza de algo así como: revisa, piensa y luego envía. Ya que en general no acato ninguno de estos verbos, y si a esto le adicionamos que desde chiquito no fui muy instruido en esas cuestiones del psicomotor afina, en consecuencia, mis dedos torpes y aún menos inteligentes que su regente, pues de ordinario, machucan cualquier tecla cercana a la que apunté, más nunca o muy pocas veces le atino al blanco tipográfico deseado, en consecuencia, la palabra que emerge después de ello, es algo así como inteligible. Estos lapsus no tienen nada que ver con los lapsus del tipo mentis, o linguae, más bien creo que responde a un error o lapsus calami o error de pluma, una mala pasada que resulta de la acción de tipear rápidamente. Son una especie de "typos" inevitables que siempre cometen mis torpes dedos.

¡Ah! pero cuando trato de enviar caracteres especiales, como ciertas iniciales, alguna abreviación y, en fin, cualquier elemento que deseo que vaya de acuerdo con lo que quiero y deseo expresar, difícilmente lo logro. Y es aquí, cuando este algoritmo ultra smart adscrito al procesador de texto interviene, y pues simplemente no le da la gana de admitirlos. Trato de volver a digitarlo, y lo envió, y ¡zas! automáticamente aparece otra palabra diferente a la que redacte. Lo intento nuevamente y, otra vez, insiste en corregirme, como si en verdad fuera un error lo que estoy escribiendo. Este algoritmo, me saca de mis casillas, cuando debe corregir no lo hace y, ahora que no deseo que intervenga, lo hace. Intento hacerlo pausadamente, con toda calma del mundo para asegurarme de escribir ese carácter especial que deseo, y sea tipeado tal cual lo voy escribiendo. Lo hago, uno a uno, y lo envió. Y por supuesto nuevamente aparece la palabra pero según lo que el algoritmo ha "pensado" que es la forma correcta que debería de ser así, por lo que, cansado de todas estas correrías, me rindo y lo dejo de esa forma.

Al final, y cuando veo un signo de interrogación en la pantalla del chat, dándome a entender mi interlocutor que no comprende nada, o qué significa aquello que escribí, no queda más alternativa que llamar al destinatario y decirle que, en verdad no quise escribir lo que escribí y que el responsable de ello fue el algoritmo genial autocopiativo de mi ultra inteligente móvil.

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