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Qué nos pasa

  … creo que el cielo está en mi patria y aun no me entero Las gentes septentrionales deben andar algo desquiciadas, les falta un perno , o qué les pasa, son acaso extraterrestres, pero de este mundo. Pues lo tienen absolutamente “todo”, o bueno, casi “todo”. Tienen techo, pan y un buen lecho, y toditos ellos garantizados. De hecho, digamos que es más que un humilde techito donde viven, pues sus quejumbrosos huesos son cobijaditos al amparo de sus cuasi mansiones. Tienen más que, un humilde pancito diario disponible en sus amplias mesitas, para llenar a diario sus opíparos estómagos. Sus billeteras al ser incapaces de albergar tanto billetito verde, pues, alojan en ellas solo "plastiquitos dorados". Viven en barrios inexpugnables, y de yapa, cuentan con seguridad contratada para evitar que cualquier persona fisgona ose en echarles una miradita. Y toda su vida por aquellos lares es un mar de lágrimas. Padecen de traumas, estrés de todos los números. Son presas fáciles de...

Qué nos pasa

 

… creo que el cielo está en mi patria y aun no me entero

Las gentes septentrionales deben andar algo desquiciadas, les falta un perno, o qué les pasa, son acaso extraterrestres, pero de este mundo. Pues lo tienen absolutamente “todo”, o bueno, casi “todo”. Tienen techo, pan y un buen lecho, y toditos ellos garantizados. De hecho, digamos que es más que un humilde techito donde viven, pues sus quejumbrosos huesos son cobijaditos al amparo de sus cuasi mansiones. Tienen más que, un humilde pancito diario disponible en sus amplias mesitas, para llenar a diario sus opíparos estómagos. Sus billeteras al ser incapaces de albergar tanto billetito verde, pues, alojan en ellas solo "plastiquitos dorados". Viven en barrios inexpugnables, y de yapa, cuentan con seguridad contratada para evitar que cualquier persona fisgona ose en echarles una miradita.

Y toda su vida por aquellos lares es un mar de lágrimas. Padecen de traumas, estrés de todos los números. Son presas fáciles de depresiones, desde las LITE, hasta las más HEAVY. Hasta cuentan con terapistas y médicos de cabecera que les recetan ciertas hierbitas no muy legales, para reconducirlos por caminos holísticos, que puedan seguirlos y hallar al final de estos, “el sentido” a sus fallidas vidas. En resumen, viven en un valle de lágrimas y sufrimientos.

¡Diablos! yo por acá, pensaba que vivía en el infierno, pues antes de ir a dormir sobre mis esteritas, tengo que trancar mi puerta con dos troncos de eucalipto roñoso y, dejar allí en el zaguán, a modo de resguardo, a mi leal perrito. Es más, “por si las moscas” a esta mi chocita, porque es una hecha y derecha chocita, ya que conseguir un techo propio como dios manda, en estas tierras, eso, sí que es solo un sueño, entonces, a esta chocita hay que rodearla también con barrotes de acero, vamos a quién engaño, solo de fierrito salado, pues ni siquiera para fierrito dulce alcanza, y aun así, duermo con un solo ojo, pues el otro se mantiene alerta ante la permanente inseguridad, los robos, y otras perlas, que son como adornos que realzan y dan vida a nuestros días. Si salgo de casa, antes de hacerlo me santiguo como cinco o seis veces, y elevo el mismo número de plegarias, para que nuestro buen Dios nos permita poder regresar en una sola pieza, o cuando menos, sin más traumas que el de convivir en el mismo espacio con impenitentes conductores. Y cuando arribo a nuestra “chocita” pues, no hay pan, no hay agua, techo, ni yerbitas sanadoras y, aun así, soy feliz y dichoso.

O quizás estoy viviendo en el cielo o en alguna sucursal de este y aun no me doy por enterado, pues con tantas carencias y necesidades me siento satisfecho. Por lo que, en mis futuras y habituales plegarias mencionadas líneas arriba, haré un alto, y elevaré una concienzuda jaculatoria por mis hermanos extraterrestres septentrionales, para que su vida sea menos dura que la mía.

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