En apuros
parte l
Me entero a último momento sobre la
convocatoria para aplicar a un empleo en el sector estatal, a solo tres horas
para que el proceso de recepción documentaria finalice, pasado ese tiempo la
ventanilla de recepción documentaria de aquella entidad cerrará, y si no logro
culminar con ese paso, pues sencillamente, no hay manera de acceder al próximo
nivel del reclutamiento, y con ello se esfumarían mis deseos de acceder a un
empleíto más o menos decente en el sector público.
De manera que en casa procedo de
inmediato a reunir toda la documentación respectiva, realizo las descargas y
rellenado de todo el acervo documentario que solicitan. Pero cuando uno está
realizando una tarea contra reloj, es tu aspiración que todas las
circunstancias se alineen, para que todo fluya sin contratiempos. Más en mi
caso particular, nunca sucede así, de hecho, al destino le encanta tenderme
jugarretas para satisfacer sus caprichos, en consecuencia, cada tarea que, en
otras circunstancias sin apremios ni apuros de ningún tipo, resultan simples,
obvias y fáciles, más en estos escenarios particulares es todo lo opuesto.
Empiezo la labor digital de descargar,
copiar, pegar uno y otro archivo, pero diablos y demonios ralentizantes, mi
viejito PC achacoso no ayuda a este proceso, es hora del plan B.,
bueno desde un principio debería de haber sido el plan A., Usar la
nuevita PC que dispongo. Genial su velocidad y premura me alienta y anima, de
hecho, hasta puedo oír lo que me dice: “lo
puedes lograr, solo apura a tus torpes dedos que del resto me ocupo yo”.
Y es que cuanto más apurado estoy estos torpes dedos míos, dado a su poco
entrenamiento infantil en las cuestiones de motor afina, ahora en estos
momentos de estrés y presión se vuelven más torpes de lo usual. Por supuesto, ni
que decir de mis buenas cualidades previsoras
Como me gustaría ser ordenado y
precavido en estas cuestiones digitales, o bien en cualquier dominio de mi vida
en general, pues ahora que busco cualquier file, o carpetita no sé dónde la
ubiqué. En qué lugar buscar, en el drive y en cuál de los que tengo. En
algún sitio en este PC, o acaso en el otro viejito. O tal vez en algún pendrive. ¡Diablos! Y en mi “currículum vitae” dice que soy
sumamente proactivo y que me encanta trabajar bajo cualquier tipo de presión.
Doy por descontado que necesitaré soporte
externo, por lo que se me ocurre una “precautoria medida”, poner sobre aviso a mi
mentor digital -mi hermano- para que permanezca en estado de permanente
alerta ante cualquier requerimiento, o cualquier S.O.S digital. Pues él es todo
un web master no como otros o, precisamente como yo, que solo soy un
humilde obrero digital.
Más el tiempo parecería que vuela, y
me asaltan dudas que quizás no logre terminar esta faena. Son varios pasos que
hay que realizar para que la documentación adquiera los formatos solicitados.
Hasta este punto, solo falta una hora para el cierre y, recién empiezo a
escanear e imprimir toda la documentación.
Y ahora qué pasa… la impresora no
“imprime” nada. Algo falla, y el tiempo corre, busco la falla en la
configuración en busca del percance, pero nada todo está normal. Qué pasa, por
qué no responde la maquinita. Me acerco a revisarla de cabo a rabo y, cuando
reparo en su bandeja de insumos, recién me doy por enterado que le falta papel
para que realice su misión. ¡Sí, no hay duda que soy muy proactivo!… Pero bueno,
por fin logro imprimir hasta la última hoja.
Reviso la documentación y por el apuro
olvidé foliar cada una de las hojas digitalmente, y tampoco las firmé. Ni modo
ya no hay tiempo para corregir y volver a imprimir, así que las tomo y las
embuto en su sobrecito, lo lacro y corro a montarme sobre mi gallardo vehículo,
vehículo que siempre está allí, es mi leal y buen compañero, mi todo terreno.
Que está dispuesto a trasladarme allí donde precise estar. Parto a la velocidad
de un rayo y después de unos minutos llego a destino.
Ya son casi las 16 horas, “la hora de
cierre”, pero llego a tiempo antes que el ente gubernamental cierre sus
puertas. Obtengo mi número de cita o atención, pero hay una línea de espera más
o menos larga, de manera que aprovecho en llamar a mi mentor algorítmico
–hermano-, para que me dicte el modelo de etiqueta que debe de ir en la portada
del sobre. Y que también con el apuro olvidé imprimirlo y ahora lo tengo que escribir
a mano.
Mi “bro”, sin duda un
tipo más cuerdo, juicioso y proactivo que yo, me aconseja que revise toda la
documentación y que firme cada uno de los folios, caso contrario, de nada habrá
servido todo este maratónico trajín, pues de plano si la documentación no está
dispuesta como dios manda, esta será rechazada, aun antes de haber mirado y
analizado su contenido. Consejos, que los veo muy razonables y acertados, por
lo que procedo a acatar sus sabios reparos.
Al realizar un último chequeo, veo que
fallé en la foliación que hice a mano. Solo compaginé y conté 49 folios y, al
realizar el recuento resulta que hay tres de más. Y ahora como corregir mi “lapsus rebrutus”, pues no se aceptan
enmendaduras ni correcciones y menos hechas a mano. Y como para coronar este
“pastel de errores”, esas tres hojas son las que albergan o sustentan mis
trabajos o experiencias previas… ¡Qué hago!…
Y nuevamente allí está la funcional sapiencia
de mi “bro”. Que acude a mi llamado y un eficiente y eficaz consejo suyo, da la
solución al entuerto. “las tres hojas que falta numerar, las puedes sub
foliar” me indica, en un apartado de, 49/49A, 49/49B, 49/49C, lo cual me
parece una solución sensata. Termino justo cuando en la pantalla de atención,
aparece en turno, mi número… creo que este sprint
lo he terminado justo y a tiempo... continuará
Comentarios