Cuando éramos chibolos mis hermanos y yo,
siempre estábamos en casa de la abuela materna, nuestra madre siempre nos
llevaba a visitarla.
Yo en particular terminaba almorzando en
casa de la abuela e invariablemente por alguna razón, lo realizaba, extemporáneamente.
En casa de la abuela gustaba de preparar
su arroz, para mi gusto, hasta sobre cocerlo al punto en que se tornaba concolón,
- dícese del arroz que por el hecho de un exceso en su
cocción, pierde completamente la humedad que le da una cocción regular por lo
que, al someterla a mayor exposición de ésta, los granos terminan adheridos a
las superficies internas de la olla y se tornan en una especie de corteza
dorada, muy crocante para mi gusto y que mucha gente venera y adora tal textura y color,- sin embargo, ahora y como entonces siento repulsión por éste modo
de preparar dicho cereal.
Yo cándidamente, por no rehusar al gesto de
la abuela que muy afectuosamente calentaba para mí, dicho platillo, optaba por
una solución muy inteligente, según mi inocente e in pubescente juventud. Y optaba
por desecharlo sigilosamente, tras de unos sacos de azúcar que poseía la abuela
a manera de despensa personal para su uso doméstico. De manera que, según mi raciocinio,
daba por satisfechas ambas partes. Así la abuela no se sentiría ofendida por
rechazar el alimento que cariñosamente me invitaba, y yo, me ahorraría el trance
incómodo y tampoco poseía el valor de rechazar el gesto fraternal, por lo que, al final, mi sentencia era siempre: “Ya abuela ya terminé, gracias.”
Supuestamente, imaginaba salir con la mía. Hasta que un bendito día, supongo,
fue a buscar alguno de aquellos insumos ensacados en su despensa, y encontró,
el vertedero que había hecho, yo, de tal lugar, con los benditos CONCOLONES de
cada una y de todas las veces que me había servido aquellos.
Estimo que, haciendo cuentas de hechos y
fechas y atando cabos dieron con el culpable de aquel estropajo: “el
cucho”, porque así saboreaba la abuela en llamarme, diablos, tal vez
nunca sabré porque, mi Abu y mis tías maternas así me llamaban de esa manera.
Espero que Dios me la guarde en la eternidad.
Aquello creo que fue una predestinación, a
lo que sería mi disgusto por estos granos en la actualidad.
La base de la alimentación de este noble país,
es a base de este cereal, demonios, ni los chinos consumen tanto arroz como las
gentes de estas tierras, sin embargo, para mí, me resulta difícil digerir dicho
grano, no por un tema médico, de dieta o algo parecido, sólo fue una epifanía que tuve, y ésta dictó: “hijo mío, desde hoy, no consumirás más este tipo
de grano”. así desde aquella vez, ya hace varios años, abandoné la estima
a esta gramínea.
Es increíblemente difícil conseguir un almuerzo
en las calles de esta ciudad, sin que este elemento esté omnipresente. No puede
faltar en ningún platillo diario de toda la ciudad. Muy a menudo desearía, tener
el poder de teletransportarse a la hora del almuerzo a distintas ciudades del
mundo donde ignoren este elemento, y le asignan el valor que se merece, es
decir, sólo una simple guarnición, monda y lironda, y saborear algo sin la presencia
de este grano.
Creo que por estos lares está muy sobrevalorado
su uso, dado a que su calidad proteica es prácticamente nula, sólo es carbohidrato
puro y duro literal y metafóricamente.
En casa en la actualidad, como todos los
miembros de ella, tenemos gustos más o menos especiales, de hecho, una de mis hijas
ha elaborado su dieta en base a la negativa a comer carnes de cualquier origen que
proceda según ella, de genocidios de las especies que Dios nos dio para nuestro
disfrute, pero no como alimento, por lo que es renuente a comer, aves, peces u
otra carne roja, blanca y, de cualquier color, ella es una especie de vegana pura y dura. La otra hija mía, bueno ella,
sí es omnívora, no se hace problemas con alimento alguno. En consecuencia, satisfacer
paladares tan disímiles, motivó para que mi mujer optase por una solución salomónica:
“cada uno se cocina lo que desee, allí tienen la cocina, así que, cada
quien a lo suyo y asunto arreglado”.
Comentarios