Los nuevos vehículos personales que están apareciendo en el
mercado, cada vez se alejan más de la mecánica tradicional y se acercan a esquemas
más virtuales. Con el tiempo la Nafta, Gashol o Diésel, la electricidad, u
otra forma de energía utilizadas para ponerlos
en marcha, serán cosas del pasado, al igual que eso de ensuciarse las manos con
grasas y óleos por la reparación de nuestros coches actuales. Sólo será un recuerdo aquellos perfumes característicos de los combustibles tradicionales. Se necesitará de expertos o mecánicos en informática vehicular para
el arreglo o el formateo de algún sistema averiado.
Creo que no llevará mucho tiempo ver todo aquello, pues si ahora ya
se los puede conducir sin necesidad de estar al volante. De hecho, hay que formatearlos y
hacer un breve logueo para ponerlos en marcha. Hasta puedes optar por un modo de conducción
deportiva, rural o citadina. ¡Diablos! No sé realmente lo que significa aquello, pero casi todos los sistemas propios y ajenos al funcionamiento y operatividad
vehicular, ni que decir sobre los atributos de entretenimiento dentro de él,
están ya en extremo informatizados.
¡Diablos y demonios cibernéticos! En este punto, dentro de poco
viviremos montados sobre vehículos totalmente vinculados a plataformas informáticas,
plenamente sistematizados. Sin ningún tipo de mecánica tradicional, exceptuando
tal vez aquellos elementos que les permitan rodar, deslizarse o flotar, según el
estado sólido, acuoso, o gaseoso, escogido para que estos vehículos puedan
desplazarse a través de estos.
Por lo que, con solo un clic o pinchando algún comando, app,
programa o quizás sólo con el mero hecho de pensarlo, sin la necesidad de clickear nada, sólo hacer el ejercicio de visualizarlo y, algún elemento ubicado en
nuestra corteza frontal o en cualquier parte de nuestro cuerpo enviará la orden
virtual y, ¡zas!, como por arte de prestidigitación, nuestro vehículo allí
estará donde lo queramos, pues al fin y al cabo somos materia, pero también
energía, en consecuencia, podremos sacar provecho de este, gratuito, natural y, noble recurso, presumo hasta su sobreexplotación, bueno pero
ello será otra historia.
Lo que sí estoy seguro es que dejaremos de preocuparnos por el tráfico,
clima o tiempo exterior, y cualquier otra variable que hoy nos es, en extremo
estresante.
Y veremos a nuestros medios de transporte contemporáneos como arcaicos, privativos de un tiempo al cual se la nombrará como, “edad de la mecánica”.
Bueno mientras ello ocurra, seguiré rodando con mi vehículo que ahora, de hecho, ya es vintage, me imagino para aquellos períodos cuando todo esto sea una realidad, será como un fósil de otra era.
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