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Con cuál me quedo

Un país al revés

Debo de estar algo loco para no poder apreciar y agradecer a san Sofronio1, pues hay que agradecer a alguien, y por qué no a este santito, pues al igual como en otros reinos3que hay dioses para todo y para todos, acá por estas tierras, hay santos que inversamente o directamente, al revés o al derecho y en forma proporcional o descomunal los hay para todo y son de toda laya. En consecuencia, agradecer a este bienhechor santo que ha prestado su amable oído y respondido a nuestros deseos. Estimo que este santito real o imaginario, sea el responsable de la prosperidad y “bien-estar” del típico y legendario “vivo criollo2, muy propio de este nuestro reino.

Más la buena semilla, ya ralea cada vez más por estas tierras, va desapareciendo, hasta creo que es una especie en extinción. Pese a ser, académicamente los más estudiosos y capacitados; otros, son en extremo responsables tanto en el ámbito privado así como también en el social; hay de otros que, hacen de las normas de urbanidad, de tránsito y vialidad una forma sostenible de convivencia, y también otros no pocos, que tratan de vivir de acuerdo con la ética y la moral. Y toda esta especie en general, se esfuerza para hacer de estas tierras una sociedad medianamente civilizada, en fin;  sin embargo, ninguno miembro de éstos tienen cabida en estas tierras y hasta son denominados peyorativamente como, monses,4 o quedados.5

En este reino no hay espacio para que dicha simiente prospere y se acreciente. Al contrario, esta se la escarda, para que florezcan los otros, estos que desde el nido materno se los acoge, apaña y aplaude. Y ¡diablos y demonios criollos!, hasta llegan a dirigir los destinos de la ciudad, región y hasta nuestra patria.

De no ser Sofronito el santo el responsable, tal vez tendré que hacer una investigación en el calendario de los santos cristianos, en el menologium de Constantinopla, en el santoral ortodoxo, en fin, en cualquier otra ayuda memoria, pura o impura, que me ayude a encontrar a quien agradecer por haberlos puesto en este reino. Mientras ello ocurre sólo diré, gracias san Sofronio, y emocionado hasta el llanto te digo que, nos debes de querer demasiado por permitir que esos tipos prosperen y florezcan en este reino, acaso deberías amarnos un poco menos, para que al menos, al tipo honesto y honrado no se le niegue ni serruche6 la oportunidad que se merece, y ojalá y cierto día, éste llegue a dirigir, -cuando menos como lo hacen en los reinos más o menos lúcidos- los destinos de una vecindad. En tanto mis jaculatorias obran carne, seguiré dándole la razón al sabio bordón que siempre dice mi vieja: “en este reino, el vivo vive del sonso y el sonso de su trabajo”.

O convendría empezar a crear una particular y propia patria, dado a que por acá cada vez son escasos los espacios para que el buen trigo fructifique. En consecuencia, una nueva tierra para este nuevo “reino de los monses”, sería muy genial. Y dado a que yo ni siquiera soy medianamente inteligente, ética y moralmente de dudosa trayectoria, pero sí califico como monse y la vez quedado, presumo se me considerará como miembro pleno de hecho y con derecho, para iniciar este nuevo reino. Y para evitar que ésta nueva patria se contamine y contagie por la “viveza criolla”, ni bien se detecte cierto indicio de este comportamiento en la nueva simiente, se debería identificar al individuo cero, cercar y cerrar el área de impacto, y proceder a su eliminación y asepsia, de manera que la contención total, evite que la cizaña se disfrace del buen trigo del señor, y esta nueva patria prospere.

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1 San Sofronio. Para este único caso, defensor y promotor de la viveza criolla.

2 Viveza criolla. Para este caso, dícese de aquel que alcanza cualquier objetivo, no por merecimiento sino por medios reñidos con lo regularmente aceptable.

3 Reyno (s). Interprétese como, país o patrias.

4 y 5 Monses y quedados. Llámese para cualquier caso como, nerd.

6 Serruchar. Interprétese, para este caso, evitar a toda costa que alguien u otra persona prospere.

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