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Honor y gloria a los craqueos

¡Obtenga software auténtico! Es el anuncio a manera de cintillo emergente que aparece en  la pantalla de mi PC, cada vez que doy inicio a cualquier aplicación de la suite ofimática, en cuyo fondo del color amarillo ocre, resalta ese texto. Esta advertencia se aloja en la parte superior o en el encabezado de la ventana gráfica, en específico, debajo de los cintillos de opciones de las aplicaciones, y se extiende de extremo a extremo. O aquel otro, que se planta en pleno centro de la pantalla invadiendo toda esta, y en ambos casos, me exhorta a obtener alguna licencia para su uso. Y pues como debe ser y también como corresponde, pincho en la pestaña de enviar al tacho a todas estas advertencias, no obstante, sé que nuevamente estarán allí día tras día hasta que proceda a ser un muy noble y juicioso craqueo de estos programitas. ¡ Honor y gloria al buen crakeo "ético" ! ¡Ah!, pero no hay mane...

Claves secretas de tontos como yo

Esto de las claves secretas de todos y cada uno de mis correos personales y profesionales, así como el santo y seña, passwords de los diferentes aplicativos de la red y hasta de las tarjetitas de fiado bancario, cada vez que me presto a usarlas, no alcanzo a recordar, cuál es tal, una o la otra, o siquiera, alguna pista que me revele qué caracteres pertenece a tal o cual aplicativo, no, nunca logro recordarlas.

No hay manera de retrotraerlas a mí memoria, pese a que durante el proceso de creación de cada una de ellas daba por sentado que esta vez, si en verdad las evocaré, pero al igual como en todas las anteriores, que me dije a mí mismo, con esta fechita de mí cumple*, o el onomástico de algún familiar, o cierta fecha conmemorativa y en extremo significativa para mí, o de mi clan, será imposible su olvido, pues caso contrario, significaría caer en la categoría de ser clasificado como un re-tonto.

Y sí, en efecto, confirmo hasta ahora que, no hay santo y seña eficaz aprueba de super tontos, o acaso soy demasiado dummie, para que esta categoría ejerza su derecho de afiliación y me cobijé como miembro pleno o al menos frecuente, hecho que indudablemente creo habérmelo ganado, a fuerza de obstinación, sin embargo, al parecer soy demasiado, o algo así como requeté, o super-tonto, en consecuencia, he excedido los créditos de esta categoría, como para ingresar a sus nobles filas.

La verdad, no recuerdo cuantos correos he creado y he vuelto a recrear, y no puedo imaginar las veces que he cambiado de claves, a causa de esta amnesia empeñada en hacer de mis passwords todo un calvario. Creo que hasta los mensajes de logueo, de cualquier página, o apps, y de cuanta operación o transacción virtual, me exigen digitar estos caracteres, para acceder al siguiente nivel de la tarea que estoy realizando, se han empeñado en sacarme de mis casillas. Hasta tengo pesadillas con estas alertas iterativas que se plantan en la interfaz de mi ordenador, cada vez que porfío en el error, y que me indica en letrita roja: ¿ha olvidado su clave? La verdad me gustaría contestarles: ¡No!, ¡estoy tratando de digitar un chascarrillo! Pero creo que esta ironía mía no la entendería ningún algoritmo y, de hecho, tampoco habilitan pestaña alguna para escribir mi estado de ánimo, o un comentario.

Intenté alojar estos datos secretos en los stikersitos de “post it”, con colores y tamaños diversos, y por toda la casa, en pasadizos, en las escaleras, en los baños, en mi habitación, en las ventanas, cocina y comedor, en fin. Pero resultó en un rotundo fracaso, pues esto de buscar hojita por hojita, el santo y seña requerido, fue logísticamente poco útil, amén del nuevo arte mural que resultó esto de, estar pegando papelitos de colores por todo sitio.

De manera que, ahora he creado en mi ordenador una carpeta exclusiva para alojar en ella un archivo, en la cual tallaré, con aquella tinta virtual indestructible, todas y cada uno de las claves que detento, con el objeto de enmendar mi permanente fracaso de recordar todas y cada uno de los passwords, claves, o santo y señas, que hasta a ahora me han sido esquivos para recuperarlos a fuerza de la memoria frágil mía. Y con la esperanza puesta en la memoria menos tonta y más inteligente de esta metodología digital, y me haga parecer y ver menos tonto, y “por si las moscas**”, personalizaré dicha carpetita con un símbolo apropiado y revelador como, “un manojo de llaves”, de manera que, esta iconografía me indique subliminalmente y taxativamente que estas llaves son las que abrirán alguna cajita fuerte, más aún, al nombre del archivo que se alojará en la carpeta, la bautizaré también con otro nombre igual de revelador y especifico como, “claves secretas”. Y voy un paso más allá, y también por si acaso, toda esta información la alojaré en la nube, de manera que en cualquier momento y lugar pueda accesar a ellas.

No obstante, todas las personas que me rodean y sin duda son más cuerdas que yo, me desaconsejaron realizar dicha acción, pues hay piratas virtuales que navegan por la red tratando de pescar claves y cuentas de incautos, y dado a las características de toda la ruta especificada, marcada expresa y taxativamente para llegar hasta las claves, me indican que, sería como ayudarles a ponerme una soga al cuello, o para este caso, su anzuelo al pez.

Pero la verdad todo ello me tiene sin cuidado, pues creo que, estos piratas se llevarían un fiasco, si logran accesar a mis cuentas, y apuesto a que, al mirar los saldos finales de ellas, a lo mejor les de cierta penita, y me colaboren con unos centavillos.

De manera que, ahora descanso tranquilo, con la seguridad que la próxima vez que se me pida cierto logueo y en la que esté involucrado el registro de mi clave, sabré dónde estarán disponibles estas, y tal vez de paso el saldo de mi cuenta bancaria sea más favorable, si acaso se atraviesa algún pirata fisgón por ella.

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*Cumple. Metaplasmo de cumpleaños.

** Por si las moscas. Para este caso interprétese como, ¡o si acaso!

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