Un paquetito para mami
Hay situaciones que creo que solo me pasan a mí, tal vez porque soy un tipo algo excéntrico, que trata de mantener el buen juicio, aun en circunstancias especiales, o es el destino que porfía en brindarme ingentes contextos, hechos, para su particular deleite y de paso proveerme material para plasmarlo en estas líneas.
Trato de enviar un paquetito a mi vieja* por el día de las
madres, ya que este se celebrará dentro de tres días. Y pues como también
es típico en mí, son muy raras las ocasiones que hago este tipo de
regalos. Este día me levanto temprano, preparo el paquetito, lo
embalo juiciosamente y ya está listo para ir a depositarlo a la empresa de
transporte interprovincial de pasajeros, y también de paquetería, que
generalmente es el clásico medio usado para poder realizar envíos entre
ciudades del interior del país.
Para realizar este encargo agarro mi genial vehículo todo terreno, mí cleta, y me dirijo a la empresa en cuestión. Más a medio camino, resulta que no
funcionan los pedales, por más que me esfuerzo en pedalear, estos no
responden, es como dar mil pedales y no avanzar ni un centímetro. Pruebo
con algunos cambios, pues según veo que esta bici, dispone de 17
velocidades, de manera que una a una la voy testeando, pero ¡diablos! no
funciona, solo gira y gira el pedal y esta fuerza mecánica no hay manera
que la transmita a las ruedas para generar movimiento. Pruebo todo, guiado
obviamente con el escaso conocimiento que sé, acerca de estas cuestiones
de mecánica popular, bueno en realidad otra característica más que también
me define, es que sé muy poco o nada acerca de cualquier cosa. Y como doy
por descontado que la cleta tuvo algún desperfecto, no me queda de
otra que seguir el trayecto, ahora, caminando y llevando conmigo el
paquetito y también arrastrando mi bici, total ya estoy casi a
medio camino de destino.
Al llegar, miro algo decepcionado el panorama, pues la cola de espera
para realizar este trámite es como de dos cuadras, ni modo, ya estoy aquí,
así que, a “hacer la colita”.
Paso una hora en la “línea de espera” y es que, esta avanza muy
lentamente, pese a ver varias ventanillas para atención al público, más
solo una está habilitada para realizar este tipo de procedimiento…
Solo faltan cinco personas, y por fin podré despachar mí paquetito ... Cuando falta solo dos personas para alcanzar la ventanilla, el wachiman** encargado, va paseándose por la zona realizando un anuncio: “a las personas que están en la cola y que desean enviar sus paquetes a la ciudad de Cajamarca, se les avisa que la empresa ha cerrado sus puertas en dicha ciudad, de manera que no hay atención para dicha localidad, hasta un próximo aviso”
¡PLOP! casi caigo de espaldas …y recién avisan, después de una
hora en espera y justo cuando estoy a punto de acceder a la ventanilla.
¡Diablos y demonios, y ahora qué hago! Pienso en buscar otra empresa, pero
dónde, no conozco empresas cercanas, y dado que mi bici está inoperativa,
y yo cansado de caminar y esperar.
Ahora es justo, es en estos momentos, cuando en verdad me hace falta
aquellos móviles que desaíro y me niego a portar, no obstante, de poseer
uno de aquellos porfió en llevar, como en este caso, mi alfanumérico, que
para estos particulares casos no me es de mucha ayuda, pues solo dispone
de una única aplicación, para hacer o recibir llamadas nada más.
Cuando pienso en regresar a casa y montar en otro vehículo que en verdad
funcione, para poder finalizar mi tareíta planeada, nuevamente allí está
el destino. Es como si estuviera poniéndome a prueba y examinando mis
reacciones, creo que le encanta prepararme ciertas tendidas, que le
parecen graciosas o algo así. El hecho, es que hay un tipo también en la
cola, quien generosamente busca en su móvil, que sin duda no es como el
mentecato que uso, y luego de una pulcra búsqueda de geo ubicación de
otras empresas de transporte, me indica que a pocas cuadras hay una, donde
pueda acabar con la tarea hasta ahora frustrada.
Bueno, y me dirijo allí. paquetito, bici y yo. Por fin arribo al sitio, y veo que no tiene la fachada, ni aspecto u otra característica al de una empresa del rubro de transporte de pasajeros, pues es solo una pequeña habitación con puerta a la calle. Ingreso al local, me doy cuenta que es un Courier, ¡genial! no hay cola, no hay espera. Por qué diablos no lo pensé antes, y yo habituado a realizar estas maniobras solo en empresas de trasporte de gente, cuando en verdad había, y hay empresas solo de paquetería, y de hecho es más práctico, servicio rápido y, hasta más barato, en fin.
Ahora me digo, como el camino a casa va a resultar largo, lo mejor es
buscar un mecánico de bicis por la zona, y lo hago a la manera antigua y,
tal vez también más eficiente que un geo localizador binario, voy preguntando y averiguando. Me indican que a un kilómetro de allí puedo
encontrar varios de ellos. Así que ni modo, otra vez cargo mi bici y
camino rumbo al sitio.
Ya en el lugar, le explico al mecánico que, por más que pedaleo, no se
transmite ni produce la fuerza mecánica, para convertirla en
movimiento.
El empieza a examinar, la voltea, la pone boca abajo, empieza su
escrutinio. La prueba, gira el pedal con la mano, y da su veredicto: ¡No
tiene nada!
Nuevamente la pone sobre las dos ruedas, gira el pedal y sí en verdad,
ahora responde, hace los cambios y todo funciona como si no hubiese pasado
nada.
Revisa la cadena, ejes, catalina, en fin, todo funciona a la perfección
como siempre o casi siempre.
Solo me queda decirle, pues que le dé su “engrasadita” y luego me monto
sobre ella y mientras voy de regreso a casa, pienso, que es el destino
que debe de estar riéndose a carcajada partida, o a calzón quitado o sin
quitar, y que solo soy su objeto, o conejillo para su sátira, en
fin.
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*Vieja. Para este caso mamá, o mami.
**Wachiman. Palabra generada por la real academia de la calle, tomada de
su raíz inglesa wachtman
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