Examino
y voy comparando las ofertas de este apócrifo y erradamente llamado, “favor
o servicio de horneado”. ¡Diablos y demonios rostizados!, hornear o
asar un simple pavito en estos lugares, para disfrutarlo en la noche pascuas, resulta como desembolsar una pequeña fortuna. Tal vez
habría la posibilidad de contemplar la opción de pagarlo por armadas, así como
lo hacemos cuando compramos algún bien inmueble, por lo que, me apresto a buscar
el aval de un fiador bancario o algo por el estilo, de lo contrario, será como
un asalto a mano armada y con mi consentimiento, pero con mi plena honda aflicción.
Resulta
que me quieren cobrar por gramo, kilo, libras, por fuente grande o chica,
bandeja o plato, en fin, Y en cualquiera de los casos y en todos, resulta que
el horneado, es más caro que el costo del mismo pavo.
Había
contemplado la posibilidad de adjuntarle un par de papitas, pues esto de comer pavito
sólo no me agrada.
Pero
al leer la letra chiquita de la cartilla de “OFERTA” de este servicio
dice: ¡El servicio de horneado no incluye los rellenos si los desea deberá pagar
un adicional y estará sujeto a una demora en la entrega!
Diablos,
si ahora compruebo que esto de la letra chiquita nunca trae nada bueno. Pensaba
que sólo era usada como una patente de corso de los agiotistas bancos, pero no,
al parecer, esta ha trascendido y se ha colado a la panadería de mi barrio.
Felizmente
en casa tengo una hija vegana que detesta este tipo de paganismo. Y yo, bueno
no me agrada en general este tipo de ave en cualquiera de sus variantes y
preparaciones, salvo de algún sanguchito una vez a las quinientas, y ahora
viendo las tarifas, ¡ya me gusta menos!
En
consecuencia, queda mi mujer y mi otra hija, y bueno a ellas si les agrada
dicha carne, por lo que la única opción que queda es, cercenar los miembros
inferiores que usaba para locomoción esta ave, y extraer de las dos piernitas sólo
los muslitos, y tal vez sin sazonar y sin una mínima guarnición, y de hecho, tendré
que exponerlos a una previa deshidratación con el objeto de extraer el máximo
de humedad posible que puedan albergar, para después colocarlas en un papelito metálico,
pues si las ubico en pequeño container sea cual sea, le aumentaría el peso, lo
que lo haría impagable el servicio de horneado.
Si
ahora entiendo por qué, en la navidad hay algo así como una especie de
atmósfera habitual de tristeza y melancolía. En realidad, creía que era por la añoranza
o ausencia de un ser querido, o algo así, Pero lo cierto es que, es el producto
y la consecuencia de poner en nuestra mesa a este singular ovíparo.
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