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Lo sospeche desde un principio

Racista, sexista y exlcuyente Pensé que en cuestiones de meeting o charlas digitales ya lo había visto todo, pero como ya es una constante en mí siempre resulta que por siempre estoy errado. Accedo de buen agrado a un "convite " a un curso sobre, o acerca de “ recursos humanos [RRHH] ”, y en “verdacito” mis viejas sospechas de lo que entiendo en su acepción amplia o genérica sobre nuestros "recursos" , sean estos de cualquier origen, pues viene a mi memoria inmediatamente cuadros tácitos de depredación, explotación, sobreexplotación, extinción, y un par más de perlitas relacionadas . Ahora, tras este “ entrenamiento ” reafirmo que esas sospechas centradas en externalidades negativas , han trascendido a “ internalidades ”. Ya solo con leer el título de "recursos humanos" me viene inmediatamente a la mente, la figura de "minería humana", y donde el ser humano es considerado un "insumo" o un “recurso”, o como lo llaman eufemísticamente l...

BURRO-CRACIA FELIZ (I)

CAPÍTULO: MENOS UNO

Me encuentro en la sala de espera para acceder a la ventanilla donde algún funcionario a cargo, debe evaluar mi solicitud, que presentaré a manera de descargo, pues están cobrándome, como diría mi vieja, “unas gabelas” que ya las “recogieron” puntualmente en su momento, con alguna retención bancaria.

Pero mi impaciencia se incrementa pese a que ya estoy dentro, al interior de sus instalaciones y próximo a acceder a la ventanilla.

Y es que, cada encuentro con la burocracia pública y hasta privada, se han convertido en escaramuzas o en pequeños o grandes vía crucis personales.

Inicialmente, cuando me acerqué a sus instalaciones y después de alguna interminable cola, me dijeron que, lamentablemente tenía que solicitar una “cita” para poder atenderme, pero para acceder a ello, tendría que hacerlo vía wasap y me indica expresamente que esos números son de wasap y no de comunicación telefónica.

Ya en casa, me dispongo a realizar la reserva aconsejada, en los cinco números que me extendieron para tal fin.

Digito uno de ellos, cuando una especie de contestador automático contesta al instante, ¡que genial me digo, sabiendo esto cuánto tiempo me hubiese ahorrado! si en efecto, seguidamente me pide información general acerca de mis datos personales y lo hago según las indicaciones, con la esperanza que la cita también sea igual de rápida y automática.

Pero dado a mis encuentros cercanos con la burocracia del tercer y cuarto mundo, me parece que algo anda mal pues fluye rápido y fácil.

Hasta que, han corrido como cinco minutos de aquello y no hay respuesta. Les escribo: “aló hay alguien allí?... Pero nada, no hay respuesta ni réplica automática. Entonces pruebo con otro número, si inmediatamente el programa predeterminado me responde y pide nuevamente la misma información personal, al cabo de la cual, tampoco hay respuesta alguna. Pruebo con otro número y con los subsiguientes, y nada, solo el breve logueo automático, pero sin dúplica, ni réplica, ni nada, todo es silencio.

Ya ha pasado algo de media hora en espera, y nada, pese a que de "cuando en cuando" les envió un ¡aló!, o un signo de interrogación, pero nada.

Creo que estos sistemas burocráticos tratan de poner a prueba nuestra ecuanimidad, buen juicio, y desarrollar cualidades como, una sosegada paciencia. Pero la mía, está a punto de explotar, ahora mismo, me estoy acordando de la santa madrecita de este alcalde, y tal vez de su abuelita y la mami de ésta, y de toda su parentela, claro en buenos términos por supuesto.

Por lo que opto por una estrategia que nunca me ha fallado, a uno de los número digitados, escribo pese a que no he obtenido respuesta en ninguno de ellos, increpando la descortesía y grosería, le indico, su falta de profesionalismo del ente para el cual trabajan, así mismo le hago saber, la poca empatía con los contribuyentes, y le remarco el pésimo servicio, pues lamentablemente no saben valorar nuestro tiempo, y recalco que, su educación es totalmente reñida con lo que debería ser el buen trato, cortés y educado al ciudadano, que al fin y al cabo, es el que les paga el sueldo, por las innumerables y sobrevaloradas tasas municipales que le aplican a uno por vivir en esta triste ciudad.

En el otro número opto por una estrategia más amable, y les escribo suplicando que, por favor conteste el requerimiento de darme sólo, “la cita para cualquier día que ellos tengan a bien elegir pues ahora estoy pasando por una emergencia y debido a ello, me es imposible seguir esperando así que, por favor contesten tal pedido, por Dios y por lo que más quieran.

En los otros números digitados, lo dejo así, solo eventualmente, les escribo con un signo de interrogación como para dar a entender que estoy allí esperando.

¡Diablos! Han pasado otros 15 o 20 minutos de espera, y casi una hora en total desde el inicio de esta plática vía wasap, y hasta ahora unidireccional. Y nada, cuando me doy por vencido y perdido, al final el número al cual escribí indignado, me contesta que tienen demasiado trabajo, y que los cupos de citas están agotados, y que vuelva a intentar, pero la siguiente semana o mes… ¡PLOP!

Es una clara represalia a mi protesta, si no hay de otra, y da por concluida mi comparecencia con ellos, no sin antes, agradecerme por hacer uso de dicho servicio… ¡RE-PLOP!

Felizmente, en el número que digité y en él que les escribí y me mostré amable y urgido, al cabo también de un buen rato, por fin me contestan, asignándome la cita para presentar el descargo en sus instalaciones, al día siguiente.

Los otros números jamás contestaron pese a mi insistencia, felizmente ya tengo el número de reserva, el resto ya no importa… esta historia continuará

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