¡Obtenga software auténtico! Es el anuncio a manera de cintillo emergente que aparece en la pantalla de mi PC, cada vez que doy inicio a cualquier aplicación de la suite ofimática, en cuyo fondo del color amarillo ocre, resalta ese texto. Esta advertencia se aloja en la parte superior o en el encabezado de la ventana gráfica, en específico, debajo de los cintillos de opciones de las aplicaciones, y se extiende de extremo a extremo. O aquel otro, que se planta en pleno centro de la pantalla invadiendo toda esta, y en ambos casos, me exhorta a obtener alguna licencia para su uso. Y pues como debe ser y también como corresponde, pincho en la pestaña de enviar al tacho a todas estas advertencias, no obstante, sé que nuevamente estarán allí día tras día hasta que proceda a ser un muy noble y juicioso craqueo de estos programitas. ¡ Honor y gloria al buen crakeo ético ! ¡Ah!, pero no hay manera de el...
Expertos en física avanzada
El juego de nuestra mocedad llamado "chanitos" era una especie de golf, pero sin los palos típicos de estos, y envés de las pelotas, usábamos las semillas de unas leguminosas como los frijoles para cumplir la función de estas. El escenario era montado en una porción de la superficie libre de alguna calle, y en aquellos tiempos era raro encontrar asfalto o cemento en las calles, eran de solo de tierra. Las calles céntricas de la ciudad erán las únicas que estaban pavimentadas. Por lo que era fácil hacer un pequeño hoyo en esta "calle de tierra". A una distancia determinada de este hoyo se ubicaban los participantes, y se procedía a lanzar con precisión, una dotación de estos granos de frijolitos a los cuales se le denominaba chanitos. El número de estos previamente eran pactados entre los participantes, y que necesariamente tenían que ser de colores, pues nadie deseaba jugar con aquella persona que tenía granos monocromáticos como los típicos blancos o cremosos. Por lo que, cuanto más coloridos mejor, y claro en la paleta de colores de los chanitos tenían que tener ciertos rasgos típicos como los jaspeados, moteados, concéntricos, o aquellos con el diseño tipo Fibonacci, en fin, de lo contrario podrías confundirlos con los de tus competidores.
La idea era lanzarlos hasta el hoyo y así, uno a uno procedía a realizar lo suyo. Después que todos habían hecho lo propio, el que alcanzaba a embocar más chanitos en una tirada de mano, era el que poseía derecho de iniciar el juego, en consecuencia, tenía cierta ventaja de poder embocar más granos, estos que no habían alcanzado a caer dentro del hoyo. De manera que, chanito a chanito se lo gatillaba para tratar de alcanzar ese blanco. El disparador era nuestros dedos pulgar e índice que fungian a modo de una resortera o palanca que impulsaban a los granos al hoyo a través de la superficie del suelo, por lo que la habilidad estaba en saber graduar la fuerza y velocidad, de manera que sin saberlo éramos expertos en física I y hasta física II, pues teníamos que ser maestros en esta parte de la ciencia que estudia la materia, energía, espacio y el tiempo, de esta manera teníamos que saber calcular la velocidad inicial con la que tendría que salir disparado dicho chanito, a través de la superficie, en consecuencia, había que sopesar el coeficiente de rozamiento o fricción, pues todas las superficie sobre las que se jugaba no eran uniformes, así como también, valorabamos cómo se desarrollaría la fuerza de la inercia y, finalmente, calcular la velocidad final para alcanzar embocarlos, amén de los ángulos vectoriales que había que tener en cuenta, pues había algunos chanitos que aterrizaban en lugares insospechados, por lo que sortear algunos obstáculos del suelo eran una norma. Si acaso se erraba algún tiro de estos, bueno el siguiente jugador le correspondía continuar con la tarea, hasta que no quedaba ningún chanito sobre el suelo, y así hasta el final, y quien más acertaba en enbocarlos se llevaba el "botín de los chanitos" …
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