Un misterio por resolver
Por lo general pasa inadvertido para el común de la gente, contemplar las calles de esta ciudad, y observar, la profusa iconografía o dibujos irreverentes estampados en ellas, después que, alguna empresa de luz, alcantarilla, de gas, electricidad y hasta las mismas comunas, en fin cualquier empresa que sea, y que invariablemente, durante todo el año tienen que romper pistas y veredas por toda la ciudad, han dejado allí, para que nosotros los ciudadanos de apie, cierto día logremos descifrar este tipo de lenguaje no verbal.
Bueno, como yo lo veo es que, todas las empresas que dan algún servicio a la ciudad, ven a las superficies de las calles, como lienzos, sí, formidables lienzos que la ciudad les brinda para explotar su vena artística, hasta hoy develada.
Lo cierto es que, tan pronto se terminan de refaccionar o recuperar alguna vereda o calle, y tal vez ni siquiera se la ha inaugurado, pues hay esta noble y sagrada costumbre de inaugurar cuanto metro, medio metro, o parte de alguna calle se haya empastado o asfaltado, y como corresponde también, se procede a la bendición con cura incluido y dar por declarado a los cuatro vientos que se ha terminado de parchar y arreglar alguna cuadra o bloque de cualquier pista o vereda de la ciudad. Y ya las diferentes empresas que trabajan para ella, una a una, o dos, o por qué no todas a la vez, se les ocurre que han sido tocados por alguna musa de algún arte oculto, y su inspiración tiene que plasmarse ya mismo, en estos lienzos recién inaugurados y hay que proceder a romperlas nuevamente, y no hay pista y vereda, nuevita o viejita, de tierra o cemento, de asfalto o empedrada que sean excluidas de estas pingües gracias.
Pero lo cierto es que, todas las intervenciones urbanas que se ejecutan, son en buena cuenta para corregir, enmendar, o agravar cualquier trabajito mal hecho hace poco tiempo, y realizado, por ellos mismos, o por otros. Por lo que, cortar, romper, ahuecar, cuanta pista y vereda que se cruza en su camino, parece ser su razón de ser.
He aprendido a reconocer y ver, a todos estos deficientes trabajos que se producen y multiplican en las calles de la ciudad, de otra forma.
Al ir por cualquier calle, me esfuerzo por observarla en perspectiva, al menos la que me proporciona los 1.78 m., de mi altura particular. Las diferentes figuras que se revelan en ellas, parecen ser litografías viales, producto de los cuantiosos parches, y re-re-parchados de las calles y banquetas. Supongo que, desde un nivel un poco más alto, como el que te da un techo, azotea, o cualquier ventanita, de cualquier edificio con vista a la calle, uno se puede sentir extasiado y complacido por la vista y contemplación de estas apariencias geométricas y otras formas caprichosas, llenas de irreverencia, que desafían a cualquier figurilla conocida de geometría plana, circular, espacial, en fin. Pues son totalmente innovadoras y hasta desconocidas. De hecho, sugiero a algún científico desocupado, descifre tales figuras plasmadas en el suelo que pisamos día con día, pues mis conocimientos acerca de esta materia no pasan de las ya conocidas.
De esta manera, el arte florece en la ciudad, ya no sólo en el cableado áereo que inunda la ciudad, si no también, está impreso en este manto superficial por donde transitamos, circulamos o caminamos.
Mirar la superficie de una calle es contemplar, no una área lisa y más o menos uniforme, es más bien un descubrimiento de, iconos, figuras, e imágenes que se producen por la intersección de, por ejemplo, rectángulos alargados que atraviesan la calle, y van de un lado de la acera, al otro. Hay otros que parecen ser unos paralelogramos que se entrecruzan del extremo opuesto. Otros son interceptados por otra figura a modo de “T”, para estar secundado por un cartabón triangular irregular, pero teniendo como fondo un rombo, o algo así, pues no logro identificar las formas o figuras que se ven en las pistas. Y que están allí, de trecho en trecho, algunos se interconectan, otro no lo hacen y se pierden sin un punto fijo, sin dar una idea clara, de cuál es su término, o inicio. Otros se pierden en aislamiento.
En general, es casi una y mil obras surrealista que se puede prestar a singulares interpretaciones, al igual como cuando observamos en el cielo a los cumulonimbus, éstos parecen tomar aspectos de figuras caprichosas según nuestra forma de ver, pero a diferencia de estas, que son etéreas, aquí en la calle, son perpetuas, o bueno hasta que otra intervención urbana (parchado) la reemplace y de paso a otra extravagante figura superficial, que será albergada y se sume a las pre-existentes de nuestras sufridas aceras, calles, vermas, en fin.
De esta manera, acudimos también a apreciar, además de las exquisitas formas superficiales genialmente creadas, a también disfrutar de sus texturas y acabados inimaginables en las que quedaron. Desde lisas hasta rugosas, las tenemos ondulosas, otras con cierto desnivel. Otras más como si fueran, capas estriadas, grumosas, llanas, elevadas y en fin, todo lo que se pueda crear con un artístico pincel hidráulico y unas palas o picos manuales, que anhelan dejar su legado.
De hecho, estoy plenamente seguro que en un futuro muy lejano, pero muy muy lejano, las civilizaciones que nos sucederán, quedaran admiradas y asombradas, cuando contemplen de cierta altura los restos de algunas pistas y veredas que, por esas cosas caprichosas del azar sobrevivirá para aquellos tiempos, y miraran sorprendidos, como lo hacemos ahora, cuando observamos extasiados, los restos de culturas como, Göbekli Tepe, Petra, Nazca, en fin. Quedarán maravillados por el arte y gracia de las caprichosas formas dibujadas en ellas. Generadas hoy pródigamente, producto de los actuales e innumerables parchados y re parchados de nuestras pistas y veredas de la ciudad, fruto de la incompetencia e inexistente profesionalismo, de las diferentes empresas de servicios que laboran para ella. Más para aquellos tiempos, todo esto de, cómo se generó, quién o quiénes las crearon, sólo será un gran misterio.
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