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Honor y gloria a los craqueos

¡Obtenga software auténtico! Es el anuncio a manera de cintillo emergente que aparece en  la pantalla de mi PC, cada vez que doy inicio a cualquier aplicación de la suite ofimática, en cuyo fondo del color amarillo ocre, resalta ese texto. Esta advertencia se aloja en la parte superior o en el encabezado de la ventana gráfica, en específico, debajo de los cintillos de opciones de las aplicaciones, y se extiende de extremo a extremo. O aquel otro, que se planta en pleno centro de la pantalla invadiendo toda esta, y en ambos casos, me exhorta a obtener alguna licencia para su uso. Y pues como debe ser y también como corresponde, pincho en la pestaña de enviar al tacho a todas estas advertencias, no obstante, sé que nuevamente estarán allí día tras día hasta que proceda a ser un muy noble y juicioso craqueo de estos programitas. ¡ Honor y gloria al buen crakeo ético ! ¡Ah!, pero no hay manera de el...

INTERNET A LOS 50

He vuelto a usar un ordenador después de 30 o 25 años, y es qué la pandemia me ha obligado a ello.

Hoy todo lo puedes hacer solo con un clic en tu ordenador y sin moverte de casa, escuchar música, ver un video, hacer las compras, revisar tu correo. Pensar que a mi mujer la conquiste con correo, no de éstos si no de aquellos, que usabas papel y lápiz, la endemoniada carta tenía que empezar el rezo diciendo: “Estimada Srta., después de saludarla paso decirle que, por acá nos encontramos bien de salud, etc. …. y toda una sarta de reglas, que infaliblemente se tenía que concluir con una conspicua pero reveladora frase final. “... Muy atte., su admirador”. Luego el papel manuscrito se lo embutía en un sobre de reborde entrecortado de color rojo característico del correo local, se adhería unos estickers llamados estampillas y ya, la depositabas en algún buzón del correo de la ciudad. Y después de una semana, con suerte llegaba a destino.

Hoy con un clic y sin moverte de tu sitio, ya enviaste y en un segundo después lo recibiste.

Hay que abrir una ventana en tu ordenador, para revisar algún libro. En aquellos tiempos abrías la puerta de algún edificio para acceder a la biblioteca para revisar literatura.

Sí, en aquellos años aún existía bibliotecas en las universidades, alguien me ilustre e informe, si estos edificios todavía sirven para tal fin, bueno en aquel entonces también servía para ligar a chicas más listas que bonitas, bueno, pero eso es otra historia.

Vienea mi memoria mis años universitarios con cuadernos bajo el brazo, porque era cool llevarlos así, sostenidos por la mano, sin mochila, ni maletín, vistiendo tus jeans con remeras o eventualmente camisas, y allí entre los cuadernos y libros, tus famosos porta disquetes, Pues había que llevarlos a todas partes, eran los uesebes o pen drive´s de la época.

Hoy mandar un documento por este medio informático, me resulta un suplicio, me indican que tengo que escanear alguno de ellos, pasarlos a pdfs, png, jpg, svg, a su vez hay que zipearlos o descomprimirlos y, mil pasos más que no logro entender.

Abro mi pantalla de escritorio, aparecen ante mis ojos innumerables iconos símbolos, letras, flechas en todas las direcciones, cuadros, recuadros y más cuadros, parece un rompecabezas. Y antes de haber iniciado ya me encuentro aplastado por la frondosidad y la intimidante nomenclatura que se planta frente a mi vista. No sé si, correr o cerrar la laptop que muy amablemente me cedió mi hermano, para iniciarme en esta aventura endemoniadamente fascinante, y es cuando le lanzo un S.O.S. digital para que acuda a mi llamado. El muy amablemente insiste, cual lazarillo guiando a un ciego, en iluminar mi interfaz, llena oscuridad y penumbra.

Debe ser un alma piadosa y sobre todo tocado por la divina paciencia, pues enseñar a un tipo cincuentón   estos artilugios y, descubrir y revelarle estos enigmas, debería se ser una hazaña que te asegure un lugar en primera clase en los cielos del olimpo, Y es como enseñar a montar bicicleta a un ciego. Yo en particular ya hubiera tirado la toalla. Mis hijas menores, expertas en estos menesteres - creo los chicos de esta generación ya vienen de fábrica con ese chip en sus genes-, tienen la paciencia más corta que su edad las pueda proveer, y no se andan con rodeos y me mandan a joder a otra parte, cuando por enésima vez me repiten, a si no, solo dale clic, guglea esto o aquello, o ya te logueaste. Hace rato renunciaron a bautizarme en estas tormentosas aguas de la tecnología, y que yo calladamente admiro y envidio cómo navegan diestramente, en ese mar calmoy apacible que de hecho son sus dominios.

Por qué diablos no hablan un lenguaje más cristiano, o al menos humano, que se pueda entender cuando me indican realizar una simple tarea en el ordenador, o algún comando de él, me parece en extremo complicado. La indicación tiene que repetirla mil veces, bueno, pero al final del día lo logro. Solo para que al día siguiente la haya olvidado, y otra vez Andrés con la misma cojudez. Nuevamente solicito la indicación. ¡Ah, pero yo terco como un asno! Sí, literalmente como aquel asno, que sirvió de vehículo a nuestro redentor en su viaje a Jerusalén, al siguiente día, allí estoy montado sobre mi silla, esperando que la mula me tire al suelo, porque sé que algún día la voy a amansar.

Un buen día, estuve tratando de abrir el zoom como hospedero, no sé realmente lo significa, me dicen que son esos famosos chat en vivo donde puedes webinar con otras personas en tiempo real, y es que, al cabo de dos días, logre hacerlo sin dificultad, solo para que, al siguiente día, no recuerde ni cómo encender el bendito ordenador. Pero allí estaba mi hermano, que pese a ser menor de edad, actúa como mentor y tutor que se amaña de paciencia infinita, y donde este mi extravió me socorre y me coloca en vereda.

Poco a poco, me yergo orgulloso de las múltiples tareas que estoy aprendiendo día tras día, y disfrutando de sus beneficios, solo espero no demorar otros 30 años en volver a montarme en el lomo tecnológico.

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